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Rec.

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A veces es un canción, o un olor, o lo que alguien escribió en su blog. Puede ser un matiz, pero abre la veda y de golpe la mente se te va a otro sitio, aparecen sensaciones antiguas, y hasta la respiración varía. La luz de la habitación también parece haber cambiado.

Te has ido 3 estaciones hacia atrás, de una primavera a un verano.

De repente ese sentimiento que me impregnó durante meses vuelve a hacerse real, con todos sus matices, con todos sus argumentos defensivos. Entiendes por qué veías las cosas como las veías. Recuerdas colores que hoy  ya no existen, o un empuje que la racionalidad ya había erradicado.

Hoy me pasó leyendo una reseña musical. Sobre un músico del que no había escuchado antes, no me sonaba de nada, ningún punto de conexión. Pero leí una frase, y una burbuja pinchó en algun sitio de mi interior, y el aire que contenía me inundó:

…pasea por parajes desolados, busca hombros donde llorar y asientos traseros donde descansar, noches, vidas perdidas, amigos de la infancia y caminos sin retorno… (Toti Torrents, último párrafo)

Y no sé, me invadió una identidad que hace un tiempo fue muy propia. Un viaje que no llegó a darse, pero que había repasado mentalmente mil veces en mi cabeza. Ya había visitado muchos escenarios, juntando piezas de ilusión que había recojido por todos lados. Una lengua cercana, y una cultura que de alguna forma ya había hecho mía. Paisajes anchos, desiertos de tierra o bosque. Un tipo de melodías, un tacto del aire, una brisa de temperatura concreta. Y un coche, sencillo, con “asientos traseros” en el que estirarse mientras otra persona conduce mirando al horizonte. La ropa de viaje usada, los pequeños detalles, las conversaciones profundas, los silencios, y la llamaradas de una hoguera improvisada al borde de la carretera. Muchos silencios cómodos, y muchas medias sonrisas medio pensadas.

Bastó con un pequeña aguja en forma de artículo para que explotara la burbuja de un momento superado. Nostalgia en positivo, y el recordar que viviste cosas que fueron auténticas.

Mañana será una canción, o una fotografía, o un color. Y un momento diferente saldrá a flote.

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Stream

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En Barcelona no estamos acostumbrados a que llueva. Almenos no todo el día, así que la gente en la calle, más que llevar paraguas, se cubre improvisadamente con la capucha del jersey, de la chaqueta o con la carpeta de la universidad. A no ser que me haya pasado el día mirando por la ventana, cuando salgo de casa me asusto ante la primera gota que se me mete entre el ojo y el cristal de las gafas. Después me doy cuenta que no es para tanto, y aunque no puedo mirar al cielo (porque el agua te puede desnucar la córnea),  intuyo que no está tan gris, y que al fin y al cabo, por encima de los cumulunimbus no ha cambiado nada.

Pasa algo parecido con… + moraleja. Fin.

Pero una conclusión alternativa es que al quedarte en la closca, estás obligado a mirarte a la cara a tí mismo, y escucharte pensar. El hecho de que afuera el suelo resbala, te obliga a caer en la cuenta de que las cosas se pueden mojar, y que si cuando andas, arrastras demasiado los pies, puedes tropezar con las gotas. Y lo mejor. Sin buscarlo, cuando tienes que quedarte en casa, se te para la mirada en un chubasquero o un paraguas que una vez compraste con ilusión, pero al que fuiste renunciando poco a poco por creer que no lo necesitabas, que no iba a llover, que las cosas no se mojan. “Perdón por la distancia” (Praxiz). Perdón por ponerme a buscar identidades no impermeables. Perdón por basar mi casa en la arena.

Que llueva más.

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