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Zwänzg tuusig

Este blog pasó hoy la cifra redonda de las 20.000 visitas. ¡Gracias! He pensado en dos cosas para ‘celebrarlo’:

Primera, titular el post  en una lengua rara (como haría Flickr): el suizo-alemán, que tiene sus 4,5 millones de hablantes en el país helvético y es la lengua en la que crecí los primeros años de mi vida.

Y la segunda, seleccionar aquí algunos de los posts que en todo este tiempo más lecturas han acumulado:

  1. Casarse… ¿para qué? Ilusión (2013)
  2. Ser ‘cool’ no es tan sencillo: Hip, hip, hipster (2013)
  3. Un trayecto de tren entre Barcelona y Girona: Crisis (2013)
  4. irse de compras: Territorio hostil (2012)
  5. Colarse en una charla política: Poner la oreja (2012)
  6. La conciencia y el botón de ‘donwload’: Megaexcusas (2012)
  7. Imaginarse lo de Snwoden, antes de Snowden: Expropiar mi timeline (2012)
  8. La humillación como modelo de negocio: Ryanfare (2012)
  9. Sunderland, una ciudad industrial de Inglaterra: Ha’way (2011)
  10. El terror de vivir en Corea del Norte y que muera el dictador: Lágrimas de miedo (2011)
  11. El pueblo donde nací: Guíxols, Sant Feliu (2011)
  12. La ciudad: Barcelona (2010)
  13. Mozart y Salieri: Wolfgang (2010)
  14. Un fenómeno político en el Reino Unido: Eran pocos y llegó Nick Clegg (2010)
  15. Corriendo arriba y abajo: Signos de puntuación (2010)
  16. El ideólogo de Switchfoot. Jon Foreman y los interrogantes (2009)

 

‘Dillums’

SFG. Foto: J. Forster

Cuando creces en un pueblo como este, las rocas afiladas, las olas y el olor a sal te parecen normales. Nunca le has dado mucha importancia al entorno, creces más concentrado en si te espera un croissant de chocolate al salir de clase. Más adelante, amigos te visitan y comentan lo bonito que les parece el sitio en el que vives, “aquí es donde la gente quiere ir de vacaciones”. Para darme cuenta de lo que tengo, un lunes de invierno es un buen momento. Volver a acercarme a la luz limpia cuando el lugar está en calma. Basta con un móvil en el bolsillo para explicar un poco lo que se siente.

SFG. Foto: J. Forster

Y con sonido:

Xafogor

És agost i hi hauria espai per fer qualsevol cosa. Les hores lliures, han arribat els dies sense planificació. El sol, el soroll al carrer, els firaires i el gelat de iogur. Una càmara que porta una tarjeta on hi caben centenars de fotos.  Plànols de rutes a fer pel pre-Pirineu. Cales a tocar, a les que arribar-hi caminant, en 20 minuts. La biblioteca del poble oberta. Un altra pila de llibres comprats a l’hivern que han sobreviscut als estants i tenen la seva oportunitat ara. L’esperit british-olímpic. Fins i tot una mica de diners que gastar en algun capritx. Temps per pensar en alguna cosa il·lusionant sobre la que escriure. L’aigua del mar a una temperatura ideal i ones que suren. Alguns bons amics a un cop de bus. La llibreta plena d’idees aparcades que ara es podrien portar a terme. I una nova il·lusió inesperada apareguda al juliol.

U d’agost. Les setmanes estan plenes d’expectatives. Seria una pena rendir-se abans de començar.

Eres

Tarde de un domingo de finales de mayo, podría ser el momento más auténtico del año. Todo verde, el sol de verdad por fin se ha desplegado con algo más que luz. Calienta aún a las 6 de la tarde, y lo hará un buen rato más. El color alrededor es intenso, amarillento todo como la fotografía del cine europeo. En el parc de les Eres se oyen esos pájaros que tejían el ambiente en el suburbio de Berna donde vivía grossmueti, la abuela. Como allí, aquí a casi mil kilómetros, las flores también están concentradas en el aire. Allí el olfato llevaba a los jardines de las casas, aquí es el Estado quien riega los espacios públicos.

Sentado un rato sobre el inicio de una escalera de ladrillo, me pregunto cómo se llamarán esos minúsculos puntos rojos que recorren el suelo rocoso. ¿Serán algún tipo de creación unicelular? Los solía analizar detenidamente cuando, un poco más allá, allí en el edificio también rojizo, la escuela en la que crecí, sobraba tiempo después de salir del comedor, cuando alguna vez mis padres tuvieron que dejarme.

Por un momento el movimiento reflejo de palpar el bolsillo para buscar el móbil casi destroza el ambiente. Qué fácil es dejarse robar un momento de memoria por lo instantáneo.

Cuarenta y cinco minutos de estar al sol, solo, tranquilo. En ese tiempo podría haber repasado las noticias de varios diarios online o visto los tráilers de las novedades de cartelera de las dos últimas semanas en EEUU.

Muchas menos presiones autosugestionadas, tenía, cuando con 10 años me imaginaba el mundo y mi vida en este barrio. Mucho se ha experimentado fuera de aquí, desde entonces. La profundidad de momentos realmente a solas, en cambio, esos cuesta crearlos ahora. La soledad era, entonces, algo casi romántico. Mucho más que la hiper-conexión que ahora nos vende sensaciones sin memoria.

Guíxols, Sant Feliu

Es el primer día. El que empieza agosto, y las vacaciones. Nada especial que lo muestre, en el paseo marítimo, la Festa Major empezó hace dos días. Para los que llevan las atracciones y los chiringuitos la rutina de montaje es la misma desde hace semanas. En diferentes pueblos. Sí hay una diferencia para el conocido con el que me he cruzado saliendo hacia el muelle. Para él sí es un lunes especial. “La cosa está bastante mal”, pero acabó julio trabajando, así que “ahora tres semanas” de relax. El perro que lleva de la correa parece emocionado, también.

El port esportiu está completo. Seguro que han tenido que rechazar llegadas. Sólo en el sector de los grandes yates queda algún espacio de agua libre. Un abuelo que va en bicicleta se ha parado y le grita a un hombre de blanco en la borda de su yate blanco que si sabe de algún barco que esté en venta. El propietario le explica que sí, que le suena que algún yate hay, sin darse cuenta de que su interlocutor no tiene el dinero para algo así. Se creen algunos multimillonarios que su estilo de vida es lo más normal del mundo.

Hay escenas de barquitas de pesca nocturna al sol. Los rayos resquebrajan y desmontan la pintura de las placas de madera. También cae luzsobre las redes rojas y verdes mezcladas sobre el suelo. Uno con experiencia cose en medio del caos de hilos. Y una madre con su hija, alemanas, volviendo al coche mal aparcado, discutiendo con noes y síes.

El mar, muy tranquilo, pese a la mucha Tramuntana. Desde lejos, la música rock retumba desde la playa, de las barracas que empiezan a abrir para la noche. Fue un buen momento para salir. Justo cuando el pueblo despertaba. Otra noche de verano. La primera de vacaciones.

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