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Obama se re-explica

Esta pasada madrugada, a Barack Obama le tocaba afrontar su primer Discurso sobre el Estado de la Nación. Posiblemente una de las mejores oportunidades para que la mayor cantidad de estadounidenses posible le vieran decir algo nuevo, intentar un impulso nuevo para cambiar el ánimo en EEUU, y de paso frenar la caída de su imagen en las encuestas de opinión.

Se puede ver el discurso entero (con una traducción en texto muy útil) en El País.

Después de esuchar el discurso, estas son algunas de las características que me parecen destacables:

1- Un tono populista suave hila todo el discurso, “populismo del bueno”, es decir, sacar un poco las cosas de contexto, pero con la excusa que es para animar al país.

2- Sorprenden las muchas iniciativas nuevas que Obama propone.  Pero sorprende que pese a que insiste en la necesidad de tomar decisiones difíciles, todas y cada una de las medidas que propone seguro que sonarían bien al 90% de los ciudadanos: exijir más impuestos a los bancos, más becas universitarias, reducir más impuestos a las clasese medias, más energías renovables, etc… Da la sensación que alguna medida se debe haber guardado, cuesta de creer que toda la actuación del Gobierno suene tan bien.

3- Destaca del discurso que del siempre ultracorrecto Obama salen esta vez más frases críticas y hasta sarcásticas de lo habtitual, especialmente contra los bancos, la bolsa, los lobbys… a lo que pinta como los malos de la película. Y también destacan en su discurso (esto tambien es cierto populismo) los constantes ataques  a “Washington”, del cual él mismo es la cabeza más visible, ahora mismo.

Fuente: NYT.

4- Obama no es republicano, pero en un discurso así tiene que parecerlo. Así que el patriotismo a veces suena hasta molesto. Advierte constantemente contra otro países, diciendo (mientras todo el Congreso se pone de pie a apludirle) que otros “competidores” como China, Alemania, la unión Europea no deben avanzar más rápido que Estados Unidos. Porque “yo no acepto que EEUU tenga el lugar número 2”, concluye.

5- El discurso es serio, reflexionado, muy bien pensado. Da la sensación que se han integrado muchos ingredientes, y no faltan las historias personales de ciudadanos que “me han escrito, cartas que leo todas las noches”, con las que Obama emocionaliza las nuevas leyes que presenta al largo del discurso.

6- Muy al principio, el presidente lo deja claro. Entre todas sus diferentes prioridades en su campaña, todos los cambios que tenían que llegar… reducir el paro será la prioridad. La educación, la reforma sanitaria, Afganistán, la seguridad también se citan, son temas importantes, pero serán secundarios de cara al 2010 (sólo la sanidad parece que puede compartir protagonismo con el crear nuevos puestos de trabajo).

7- Destaca que Obama vuelve a sacar a relucir su vibrante capacidad oratoria, suena equilibrado, y con ritmo. Pese a tomarse una hora y diez minutos, su discurso no aburre.

8- Es gracioso como Joe Biden (vicepresidente) y Nancy Pelosi, la presidenta del Congreso, aguantan muy bien la presión de salir en segundo plano todo el tiempo, mientras habla Obama. Sonríen, asienten, y se añaden con ganas a los aplausos en pie de los demócratas, cada dos-tres frases del presidente.

Fuente: NYT.

9- Es de agradecer que Obama utiliza el tiempo para explicar planes de acción, dar datos, hacer previsiones, y prometer nuevos proyectos muy concretos. En cambio, alude mucha a combatir el cambio climático, y trabajar con energías sotenibles, cosa que en Europa, después de haber visto su floja aportación en Copenhage, suena a exageración.

10- Molesta un poco la manía que Obama tiene de adular a los ciudadanos. El americano medio lo hace todo bien, trabaja duro, tiene esperanza, apoya el bien, y nunca se aprovecha del sistema, como sí lo hacen los malos banqueros. Es muy bonito, pero no es la verdad.

11- “No podemos estar cada día en elecciones”. “No podemos siempre pensar que si el oponente pierde, nosotros ganaremos”. “Estamos aquí para servir a los cudadanos, no cultivar nuestras ambiciones”. Esto en cambio, suena más creíble, en un Obama que realmente se ha esforzado en cambiar el canibalismo político.

12- Y para acabar… ¡qué personalidad que tiene Michelle Obama! Cuando el presidente cita su trabajo para cambiar las tendencias de alimentación de los niños, ella mantiene el tipo ante la ovación de los congresistas, sonríe con seguridad ysaluda discretamente, para pedir después con un gesto que no necesita tantos aplausos, y que es mejor que siga el discurso.

En general, un buen discurso. En la forma, y sobretodo en el contenido. Pidiendo más trabajo unido entre republicanos y demócratas, criticando su propia trayectoria en algunas aspectos, y recordando al final los valores democráticos, y el empeño que son necesarios para cambiar las cosas y mirar adelante con ilusión, con proyectos concretos.

Aquí el análisis del discurso en CNN

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pd Por cierto.. por qué en EEUU el concepto “bipartidismo”  (acuerdos entre los dos partidos principales) es positivo? Es mejor que el unipartidismo, sí, pero no sería mejor buscar el acuerdo más allá de demócratas y republicanos? Acaso no hay un monton de ciudadanos que no se identifican ni con unos ni con otros?

Lío en la UE

Hoy se ha dado lo que de alguna forma u otra tenía que pasar. Después de la popular presidencia de Francia durante el pasado semestre (popular porque el seguimiento a las actuaciones de Sarkozy ha sido altísimo, en los medios de comunicación), la UE está ahora “liderada” por la República Checa. El problema es que el presidente del país (que no el presidente del gobierno), Václav Klaus, es claramente anti-europeísta.

klaus-reuters

Y claro, alguna vez tenía que salir a relucir la contradicción. En la sesión parlamentaria de hoy, le tocaba comparecer como presidente de turno. Y en lugar de adaptarse a su papel insitucional, Klaus no se ha mordido la lengua: ha lanzado un discurso que iba claramente en contra de la Unión de la que él mismo es ahora el máximo representante. Ha dicho que la idea de una Europa unida va contra la democracia,  y la ha comparado con los régimenes totalitarios de hace unas décadas. Además, ha negado la idea de que exista un “pueblo europeo”, y ha sacado la conclusión que el nuevo Tratado de Lisboa le “da miedo” porque “pone en peligro todo lo que Europa ha coneguido hasta ahora”.

Como era de esperar, el discurso antieuropeo de quien ha de ser la cara de la UE  hasta junio ha creado un gran revuelo. Más de la mitad de los parlamentarios de los 27 países se han levantado a medio discurso para abandonar la sala entre protestas. Mientras, la minoría euroescéptica aplaudía entusiasmada y sonreía satisfecha.

Y para acabar de rematar el lío, hoy mismo, el Parlamento de la República Checa, es decir el Parlamento del país de Klaus, ha aprobado definitivamente el Tratado de Reforma de la UE. Cúmulo de contradicciones.

El rugido de los republicanos

Maiabean, Flickr.

Maiabean, Flickr.

No es como el escalofrío que sentí al ver la perfección inquietante de la inauguración de Pekín 08. Es algo diferente, pero también me ha hecho sentir incómodo. El rugido de los republicanos.

En Estados Unidos, ésta es la semana grande de John McCain y los conservadores, como lo fue la anterior para Obama y los liberales. Para los medios norteamericanos, de hecho, es la semana de Sarah Palin, en exclusiva. Es el centro de atención por su presunto tráfico de influencias en Wasilla, el pequeño pueblo del que era alcaldesa y por su también presunta ex militancia en un partido independentista de Alaska. Además, se habla de su afición por cazar osos y como no, del embarazo de una de sus hijas, menor de edad.

En silencio hasta ahora, le tocó por fin subir al escenario a rebatirlo todo. Desde el micrófono de la Convención Republicana. Y según CNN, Fox, MSNBC… no decepcionó. Hizo un discurso contundente y se atrevió a entrar en los temas polémicos con fuerza, defendiéndose “como se defiende una madre”. Hasta aquí, bien.

Pero me destacaron especialmente algunas cosas. Habiéndonos acostumbrado la semana pasada a las intervenciones de Joe Biden, Al Gore, Michelle Obama, Hillary Clinton, su marido Bill, y el propio Barack Obama, saltan a la vista al menos tres grandes diferencias entre las convenciones demócrata y republicana.

Una. El tono de los discursos. Es verdad que los demócratas se pierden muchas veces en las palabras grandilocuentes, en los términos abstractos (aunque en el discurso final de Obama hubo un saco lleno de promesas concretas), y en el lenguaje de las ideas absolutas. Pero las claves de fondo llegaban al oyente, daban ese buen rollo que parece que se le exige al partido, y todo tenía cierta ironía fina, que te hace tener una media sonrisa durante gran parte del tiempo, aunque no seas del club. Los republicanos, en cambio, no tienen ese tono. El discurso de Palin fue basto, abordando los temas uno tras otro, tal como venían. La ironía era más bien sarcasmo, y en lugar de dejarlas ir con disimulo, la ex-gobernadora de Alaska apuntaba directamente al objetivo, como dicen que hace con su fusil los fines de semana.

Dos. El público al que se dirigían los mensajes. Uno de los flancos que Obama ha querido tapar mejor desde un principio ha sido el de la política internacional. Por un lado, por la inexperiencia del candidato en asuntos exteriores, pero también porque sabe que es el preferido para la mayoría de los gobiernos del mundo. Por ello, conciente del revuelo que su carrera está causando a nivel internacional, sus palabras buscaban caer más o menos bien tanto en Europa, como en Rusia, como en Asia. Una visión abierta, en la que se remarcaba mucho el concepto “juntos”, también por lo que se refiere a las relaciones internacionales. Los republicanos, en cambio, parece que van a lo suyo. Como también sucede en España, la derecha estadounidense sabe que tiene sus votantes mucho más consolidados que su oponente. Así que van a piñón fijo. No buscan agradar a quien saben que seguro que no les va a votar. Y, como recordó un medio afín, el resto del mundo no vota, sólo los estadounidenses. Así que… menos concesiones al panorama internacional, menos laicidad patriótica y menos halagos al enemigo. Palin atacó frontalmente a Obama y removió los instintos de guerra primarios: “los demócratas hablan mucho de Irak, pero no han dicho ni una vez la palabra ‘victoria’!”, mientras los asistentes gritan “boooo!”.

Y tres. El ambiente. Después de ver todos los discursos, me dió la sensación que el aire que se respiraba en la convención demócrata era de entusiasmo. Más allá del hecho que se trata del primer candidato afroamericano, que se había recuperado la unión, y demás hitos importantes para el partido. Las caras de la gente eran de euforia (cosa lógica, todos estaban convencidos hasta la médula desde inicio). Entre los asistentes al discurso de aceptación de la candidatura había obreros de fábrica, familias al completo, madres trabajadoras y jóvenes entusiasmados. También estaba estudiada la cantitad de personas de procedencia latina y afroamericanos que ocupaban la platea central. La puesta en escena funcionaba. Se transmitía diversidad, y en los ojos brillantes de quienes escuchaban con más atención hasta se leía esperanza en recuperar el sueño americano (en el que tanto insistió Obama). Entre los republicanos, en cambio, la diversidad sólo estaba entre los atuendos del público. Había la zona de sombreros cowboy, como 3 hileras seguidas. Había la sección de empresarios o vip’s (bueno, ésta también la habían tenido los demócratas) y la zona veteranos de guerra (identificables fácilmente por su gorra verde cargada de condecoraciones). Aquí el ambiente no era tan emocional, sinó más bien crispado. Las caras de los asistentes daban la sensación de estar esperando para levantarse a abuchear a los demóratas a la mínima consigna, o a reír con algun comentario sobre la inexperiencia de Obama.

John McCain, pese que de una forma diferente a la de su contrincante, también profesa su propio “Cambio”. Ha roto con George W. Bush en algunos temas. Y su carrera política tiene varios momentos en que se ha desmarcado de la línea del partido. Pero el olor de su partido, en esta convención, sigue recordando mucho a los políticos conservadores y ultrapatrióticos que han dominado Washington en los últimos años.

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