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Zwänzg tuusig

Este blog pasó hoy la cifra redonda de las 20.000 visitas. ¡Gracias! He pensado en dos cosas para ‘celebrarlo’:

Primera, titular el post  en una lengua rara (como haría Flickr): el suizo-alemán, que tiene sus 4,5 millones de hablantes en el país helvético y es la lengua en la que crecí los primeros años de mi vida.

Y la segunda, seleccionar aquí algunos de los posts que en todo este tiempo más lecturas han acumulado:

  1. Casarse… ¿para qué? Ilusión (2013)
  2. Ser ‘cool’ no es tan sencillo: Hip, hip, hipster (2013)
  3. Un trayecto de tren entre Barcelona y Girona: Crisis (2013)
  4. irse de compras: Territorio hostil (2012)
  5. Colarse en una charla política: Poner la oreja (2012)
  6. La conciencia y el botón de ‘donwload’: Megaexcusas (2012)
  7. Imaginarse lo de Snwoden, antes de Snowden: Expropiar mi timeline (2012)
  8. La humillación como modelo de negocio: Ryanfare (2012)
  9. Sunderland, una ciudad industrial de Inglaterra: Ha’way (2011)
  10. El terror de vivir en Corea del Norte y que muera el dictador: Lágrimas de miedo (2011)
  11. El pueblo donde nací: Guíxols, Sant Feliu (2011)
  12. La ciudad: Barcelona (2010)
  13. Mozart y Salieri: Wolfgang (2010)
  14. Un fenómeno político en el Reino Unido: Eran pocos y llegó Nick Clegg (2010)
  15. Corriendo arriba y abajo: Signos de puntuación (2010)
  16. El ideólogo de Switchfoot. Jon Foreman y los interrogantes (2009)

 

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Hip, Hip, ‘Hipster’!

Ser hipsters... a mayo de 2013, en Barcelona. (PlaygroundMag)

Ser hipsters… a mayo de 2013, en Barcelona. (PlaygroundMag)

Ya casi pasado el Primavera Sound, hemos visto lo ‘hipster’ cubrir Barcelona (léase el metro y los medios de comunicación) con mucha más clase que la camiseta blaugrana del Colón. Si Barcelona ya era moderna, estos días más de un ‘hipster’ auténtico habrá pensado en dejar esta etapa atrás, al observar cómo su estilo de vida se ha convertido definitivamente en algo totalmente ‘mainstream’.

La mitad de los europeos alternativos (culturalmente hablando, no hablamos de política) están estos días bebiendo Heineken’s en la capital catalana, mirando con sus gafas de sol en direccón a los nubarrones, al salir del hostal en Clot-Aragó en el que han dejado la maleta con 2 de sus 3  mudas (la negra para hoy, el  estampado de flores ayer y lo rojo claro chillón mañana).

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Asistentes al Primavera Sound. PlaygroundMag

Cuando apareció el concepto, ser ‘hipster’ era vivir en los años 40 y que te gustara el Jazz. No el jazz clásico, claro, sino el moderno, ya se sabe, free-jazz y esas cosas. Pero ahora, la palabra se ha cargado con bastante más significado, pide más a los aspirantes. Ya que ser hipster es, ojo, “una subcultura de personas de entre los 20 y 30 años. De pensamiento independiente, protagonistas de la contra-cultura, la política progresista, amantes del arte y el indie-rock, la creatividad, la inteligencia y las bromas ingeniosas. Las mayores concentraciones de ‘hipsters’ se encuentran en centros cosmopolitas como Nueva York, Chicago y San Francisco. Se consideran rebeldes, rechazan las actitudes culturalmente ignorantes de los consumidores en general, y suelen a menudo ser vistos en tiendas de segunda mano, con pantalones vaqueros ajustados, zapatillas de deporte de la vieja escuela, y gafas de montura gruesa, si las llevan. Tienen pinta de estilistas creativos en salones urbanos. Tienden a ser bien educados”, todo esto, según Eduardo López Alonso.

Menudo trabajo, cumplir los nuevos parámetros. En lo musical, significa pasar horas en internet rastreando blogs indies que recomiendan links a listas de reproducción de ‘grupos promesa’ (aquí entraría cualquier estilo: post-rock, electropop, hardcore de pueblo, músicas del mundo). No es un hobby relajante, teniendo en cuenta que muy pocos lo pueden hacer como trabajo (sólo si eres redactor de Rockdelux o informador en España de Pichfork o medios parecidos). Los deberes hay que hacerlos en el tiempo libre. Una vez descubierto un hit que aún nadie conoce, de unos suecos muy bailables o una banda de argelinos, lo interesante es hacer correr la voz, pero no mucho.

Lo pop (ejemplo de hoy: One Direction en Madrid) debe ser reemplazado por música más seleccionada (elitista, criticarían algunos que no saben mucho), pero que siga siendo muy bailable, aunque no se oiga en las discotecas normales. Bloc Party, por ejemplo, eran para ‘hipsters’ hasta que “todo el mundo” se enteró de su música. Animal Collective fue sensación del 2009, saltaron a la “fama” con un trabajo bastante pop, así que quienes realmente les conocían enseguida recordaron que antes habían hecho música más oscura. El riesgo es claro: todo puede desvanecerse si se dice el nombre de un nuevo grupo islandés demasiado fuerte. El secreto del lifestyle ‘hipster’ está en compartir la información con sordina.

En cuanto a la apariencia (que sí parece muy importante, pese a la filosofía alternativa), ya todo el mundo sabe lo que es vestir ‘retro’, que al principio debía ser barato pero ya no (hasta la ropa de segunda mano parece que sube de precio… oferta-demanda, claro). Huir de las modas no sólo no es más barato, sino que puede ser frustrante. Hay pocas tiendas con ‘esos’ complementos especiales y se trataría de descubrirlas sin que otros te las pisen. El reto es vestir cada verano de una década diferente (cuál, lo dicen desde Nueva York o Camdem). Dependiendo de lo cerca del siglo XXI que quede la época seleccionada, podrán servir, según: faldas de la àvia, camisas de tu padre o camisetas de cuando tu hermano mayor tenía tu edad (esto servirá cuando llegue el revival e los 90s, que está al caer).

Cambio de escenario. PlaygroundMag.

En cuanto a la limitación de edad propuesta (20-30), la definición de arriba no parece muy clara. Por barrios tipo Born hay gente con mostachos retro muy conseguidos en sus cuarentas, y en la universidad (facultad: Periodismo) está la gente que lleva con más estilo los tejanos apretados de pitillo. Son los de Primer curso.

Para acabar habría que preguntarse qué significa exactamente ser ‘contra-cultura’ (¿se puede identificar a 2013 ‘una’ cultura dominante contra la que rebelarse?) y a la vez ‘subcultura’  (lo que se solía llamar tribu urbana).

Analizado todo ello muy superficialmente, sí queda clara una cosa. El nivel está muy alto. Se ‘hipster’ requiere ganas y bastante sacrificio. Aunque hay que matizar que los de ciudad (‘la ciudad’, léase: Barcelona) tienen algun gen que les facilita el camino (para los de pueblo, los intentos se quedan en ser ‘pijo’).

¿Pero el sacrificio realmente lo vale? Está bien tener estilo, hablar de tendencias de las que en tu barrio nunca han escuchado hablar o llevar la ropa que H&M pondrá de moda en 2015 (algún ‘coolhunter’ te fotografió paseando por La Rambla sin que te dieras cuenta).

El precio de ser alternativo es demasiado alto. Pero ahí está el quid para asegurarse de que lo ‘hype’ se mantenga en áreas reducidas.

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La cerveza. PlaygroundMag.

[Perdón por avanzado por lo ‘mainstream’ de este post.]

Hacia… la frustración

To the Wonder

A juzgar por los suspiros a la media hora de película, el goteo de asientos que se levantaban en la sala y los comentarios sarcásticos a la salida, Terence Malick parece haberse perdido en “To the wonder”  (de nuevo) en un cúmulo de sensaciones indescifrables que forman una historia sin dirección, a ratos insoportable, que arrastra al espectador hacia no se sabe bien dónde.

El nuevo film del director de Ottawa da un giro tedioso en el preciso momento en el que uno se da cuenta cuenta de que lo que está viendo no es más que un ‘farol’ del cineasta con el que saciar su necesidad de añadir más y más  planos al metraje de “El Árbol de la vida”. Pero la secuela mantiene también el valor que la obra maestra de Malick ya tuvo, ser como la vida misma: confusa, desordenada, llena de sensaciones y sin un sentido aparente.

Olga Kurilenko

Es lo que transpira el personaje de Olga Kurylenko (Marina). Bohemia -parisina-, disfruta corriendo delante o detrás  del viento. Es en su espontaneidad, en su melancolía y en su hipersensibilidad donde cree tener la llave para conectar con lo que define como “el amor desde fuera”. Pero aun pese a un inmenso yo interior, su fragilidad lo empaña todo, hasta hacerla depender de la voluntad de su hija de 10 años, del anillo de matrimonio o de la maleta que le permitiría huir y empezar de nuevo en otro lugar. Vive con la ansiedad de saber que en cualquier momento toda su vida se puede venir abajo mientras ella, indefensa, no sería capaz de hacer nada para evitarlo.

Ver en pantalla al personaje de Ben Affleck (Neil), es aún más desesperante. Distante y perdido en algun lugar de su cabeza, necesita esfuerzos enorme para articular palabras. Se limita a reaccionar ante lo impredecible de su esposa, o de su amante. Sin iniciativa, muerto por dentro, absorbe lo que otros sienten, hasta apagar también a quienes le rodean.

To-The-Wonder-1

Y entonces está Bardem (el capellán Quintana). En su caso, lo que le limita es la vocación que una vez le empujó a renunciar a su propia vida. Sin el gozo que debería avivar el fuego de la fe que predica en el templo, se ha resignado a ser útil dándose a otros. Sabe que su trabajo no se completará nunca,  que siempre habrá más personas a las que escuchar, consolar y acompañar. Su mirada perdida después de oficiar una boda demuestra que la espiritualidad que anuncia a otros le ata a él. Se pregunta por qué el Dios al que sirve es tan difícil de encontrar. Aún así, las oraciones que salen de su mente doctrinalmente lúcida le mantienen en marcha, saciando necesidades para seguir sindo una bendición para la comunidad. Pese a estar en su caja religiosa (privado de amistades significativas, de una esposa, de descendencia), el clérigo acaba siendo el personaje que Malick sitúa más cerca de comprender el significado de la luz que se cuela por las numerosas ventanas que hilan la historia.

Es la misma luz que ilumina los increíbles horizontes de los prados que los protagonistas visitan constantemente. Corriendo, conduciendo, bailando, jugando… Cuando salen fuera a encontrarse con la luz directa es cuando parecen estar más cerca de conectar con eso sobrenatural que buscan. Pero queda claro, en los majestuosos planos de “To the wonder”, que la inmensidad del cielo es inabarcable para los protagonistas, pequeños y limitados, que tienen sólo un poco más de conciencia que los caballos y los búfalos que observan con asombro. Si bien estos, los humanos, intuyen que hay algo más, no dejan ser ser igualmente incapaces de conectar con las respuestas. Lo describe el capellán Quintana, tras escuchar las historias personales que le cuentan sus feligreses: “Sedientos… Tenemos sed”, confiesa.

Es esa sed la que provoca la frustración de los protagonistas, la frustración de Malick, y al final también, la frustración del espectador.

Barricadas y Sentidos

Imatge

El 25 de diciembre es un buen día para estrenar una superproducción, desde el punto de vista comercial. Pero  tratándose de una historia como la de Victor Hugo, el día de Navidad es ideal, también, para re-descubrir un relato con fondo. Tras verla casi involuntariamente en el día de su estreno, aquí van algunas ideas por las que creo que vale la pena ver “Los Miserables” en su versión “melodramática” (muy acorde con el feel del 2012 que termina).

Épica. Los colores vivos, las multitudes que se suman, las banderas de tejidos densos. Las melodías y la orquesta, los silencios y el vuelo de la cámara. La belleza de los gestos, las aguas negras, los vestidos de época, lo exagerado de lo despreciable. Todo rema en la misma dirección, y sólo se frena de vez en cuando en un “pause” para formar algún óleo de grandes dimensiones. Hooper, el director, tenía la receta: unir la emoción de un  musical, la grandilocuencia del cine y la profundidad de un clásico literario. Más la varita mágica: un buen presupuesto.

Imatge

Casting. La interpretación de la mayoría de los protagonistas es muy destacable. Unos maquillan su registro vocal limitado con su sola presencia (Russell Crowe o Hugh Jackman), o tiran de sobras con su gracia natural, como Sacha Baron Cohen (un puntazo meterle en una historia como esta) y Helena Bonham. Las voces de Amanda Seyfried, Eddie Redmayne y Samantha Barks (a la que han traído del reparto original del musical) devuelven la atención a la pantalla en seguida, en los momentos en los que el guión decae un poco. También los pequeños emocionan: tanto Daniel Huddlestone como Isabel Allen debutan en la gran pantalla, vaya presentación para iniciar su carreras artísticas, así todo será más fácil.

Y capítulo aparte para Anne Hathaway, que sorprende a quienes pensábamos que suele decepcionar. Su participación es contundente. Sobre todo en su escena clave, con un primer plano larguísimo en el que interpreta la melodía más famosa de la obra. Es emocionante como explica su vida, entre lágrimas, alternando momentos de esperanza y dolor desgarrado. Todo en una sola escena sin cortes. [*ya podemos olvidar, pues, el personaje plano de la película del murciélago negro].

Imatge

Revolución. La película nos recuerda que lo que nos liga a una patria son las personas distintas que se unen para formarla. A cualquiera que en el momento de ver el film esté en alguna fase de especial sensibilidad identitaria  (probablemente, no la francesa), se le hinchará el corazón por momentos con esa bandera roja, y se identificará con la pregunta de los jóvenes revolucionarios, tan política y tan actual: “Estará el pueblo detrás nuestro?”. El contrapunto es la otra revolución, la del amor platoniano. Aparece con la misma virulencia emocional que el fervor nacional, y es igual de predecible. La vieja combinación de libertad (lo macro) e intimidad (lo micro) hila la narración, y le da ritmo.

Aunque al final… se trata de la “gracia”. La palabra puede pasar desapercibida para los que vean la versión española. Sobre todo, porque en el subtitulado al castellano el concepto ni siquiera aparece (se traduce por “amor”). Y eso que en la V.O. suena “grace” a menudo. Hay que buscarla en la lírica de los protagonistas, en el inglés.  De hecho, es el nudo que da sentido a todo el relato. Tanto Valjean como Javert tropiezan con la gracia. Al protagonista esta le sorprende llegando desde fuera y le transforma al instante. El antagonista, en cambio, la ve venir a lo lejos, y aun así no puede evitar tropezar en ella. Como adicto a la Ley, no está dispuesto a aceptar la humillación a su propia justicia y acaba aplastado por la misma gracia que le podría haber salvado.

Imatge

Somewhere beyond the barricade
Is there a world you long to see?

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Post-data. Importante saber mantener la calma cuando la gente alrededor empieza a toser nerviosamente al darse cuenta de que casi toda la película va con subtítulos.

Territorio hostil

Estoy sentado en unos asientos acolchados sin respaldo. La chica se ha apuntado los códigos de los 3 pares de zapatos que le he dicho (del tipo “10-2450”). “Déjame que me los apunte que si no no me acuerdo”. Coronel Tapioca son unos, siempre me hizo gracia la tienda de esta marca en la estación de trenes de Girona. Nunca entraba nadie allí, de hecho siempre estaba cerrada. Pero en las horas muertas esperando un bus o algo, hace muchos años, me acercaba a aquel escaparate gracioso para ver si entre esa ropa para ir de misionero a la selva había algo que una persona medianamente normal se podría comprar para lucir en la ciudad.

Éstas estan bien, pero necesito una talla menos. “Si tienes 5-8 minutos”, me dice la chica, muy amablemente, “te voy a buscar esa talla en un almacén que tenemos aquí en una calle al lado”. Le digo que bien, que gracias. No sé si sacar el móvil o mirar al suelo, la música disco me está atolondrando bastante. Me pican los ojos y veo en uno de esos espejos que hay en todos lados que los tengo rojos.

A los 10 minutos vuelve. Me pide perdón por la espera, le digo que no pasa nada, que gracias, y abre la caja con el 42. Pero son dos pies derechos. Se queda parada un momento, y se va a la zona de caja para expresarle su frustración a la jefa. La jefa pone cara de “què hi farem” y llama al almacén otra vez, que preparen un 42, izquierdo. Antes de salir, la vendedora me los enseña, como para que vea con mis propios ojos como han sido ellos los que se han equivocado. Me pide 15 minutos más. Porque de mientras tiene que atender a una clienta.

Yo me he sentado como ya en 3 lugares diferentes. El lugar tampoco no es tan grande. Va entrando y saliendo gente. En la zona de “Avance de temporada” hay unas botas de mujer forradas por dentro de piel de algun animal en peligro de extinción. Cojo un ejemplar (soy un cliente al que están haciendo esperar, tengo derecho a remover un poco) y toco la fibra esa, debe servir para hibernar, mínimo.

Ya llega mi caja, ahora sí. Tengo la nariz tapada, me lloran los ojos y estaba intentando jugar al “Angry Birds” en el móvil pero no me podía concentrar. Escribo algo sobre la frustración en el Facebook. Me he quedado sólo en la zapatería. La chica que ha hecho la carrera por mí me muestra, ahora sí, dos 42es. Cuando a uno de ellos se le salen 3 piezas de metal de los agujeritos donde pasan los cordones pienso por un momento en pretender que todo está ok y pagar la factura, para no humillar más a la pobre chica y sobre todo, para poder salir de allí por fin. Pero mi madre me enseñó que si compras algo tienes derecho a recibir un buen servicio. Asi que le comento a la chica, “mira, este pie tiene aquí estas piezas que se caen…” Ella lo mira, aguantando el tipo, y lo lleva a otro lado. Todo esto ya es un poco surreal.

Está saliendo al almacén, por tercera vez. Ha dicho a sus compañeras “yo me voy yendo”, como si despidiera hasta mañana. Llevo 45 minutos aquí dentro. La mestressa de la tienda, de cierta edad, me mira como pidiendo explicaciones, y yo siento la necesidad de excusarme: “Es que me gustan, si no ya habría cogido otro par de zapatos”. Otra dependiente sonríe un poco forzado. Que se acabe esto ya.

Por fin llega. La chica y yo parece que ya nos entendemos con la mirada. Esta vez se ha fijado de antemano que realmente esté todo en orden. Me da primero el izquierdo, para que lo pruebe bien. Espera. Y me da el derecho. Todo está perfecto. ¿Me puedo ir ya? Le digo que me los llevo puestos, no quiero cajas ni bolsas ni nada. Así que por fin me dejan pagar. Hace un rato sonaba por los altavoces “Euphoria” de Eurovisión.

Salgo a la calle cargando otra vez la mochila con el portátil y los libros. Tras caminar 150 metros, cerca de la Catedral, me siento un momento en un  bordillo para ajustarme los cordones. Sigo para Passeig de Gràcia. En el metro, de pie sobre mis Coronel Tapioca bien estables, me doy cuenta de que justo enfrente algo muy parecido a un ángel me acompaña unas paradas y se baja en Clot. Necesito una ensalada china. E irme a dormir.

A mis amigos alrededor de España

Foto: J. Forster

La manifestación del 11 de septiembre que acaba de terminar en Barcelona, se interpretará de mil formas, en los próximos días. Cada uno le sacará el jugo a su manera, porque habrá imágenes (sobre todo imágenes) para todos los gustos. Así que ante todo lo que se debatirá y toda la tinta que fluya de columnistas y opinadores, quería poner por escrito algunas sensaciones muy personales que me han quedado justo al llegar a casa. Yo estuve en la manifestación: creo que ninguna persona que ha crecido en Catalunya desde pequeño (aunque sea de origen extranjero como yo) habrá sentido indiferencia ante la Diada de este año. Quería vivirlo en primera persona, en gran parte por instinto periodista (me llevé mi cámara) y, sobre todo, porque lo mejor para sacar conclusiones sobre un hecho es verlo de primera mano.

Foto: J. Forster

Ante todo el potaje de cifras, imágenes, lemas y emociones que se hará desde un extremo al otro, aquí algunas ideas que para mí han resumido el día de hoy. Las escribo expresamente antes de ponerme a “informarme” sobre lo que dicen los diarios, las televisiones, la prensa extranjera, etc. Recién llegado a casa, creo que:

1. Lo de hoy con toda seguridad ha sido la concentración más grande en la Historia de la ciudad de Barcelona. Decían por la radio que la propia delegación del gobierno español (del PP) en Barcelona daba la cifra de 600.000 personas, y la Guardia Urbana (del Ayuntamiento, CiU) habla de 1,5 millones. Seguramente la realidad estuvo más o menos en un término medio entre esas dos cifras. Lo que está claro es que aún a muchas manzanas del centro había riadas de gente caminando con banderas y carteles. Media hora antes de empezar era imposible llegar al punto oficial de inicio de la marcha. Todas esas calles ya estaban saturadas, centenares de metros por delante y por detrás de la pancarta principal. Más de 1.100 autocares llegados desde fuera de Barcelona, el metro hacia el centro a reventar, etcétera.

2. Más allá de si a uno le gusta más o menos este tipo de manifestaciones, hay que darse cuenta de una cifra. Catalunya tiene 7,5 millones de personas, ahora mismo. Si hacemos caso a los datos del gobierno español, un 8% de los ciudadanos de Catalunya estaban manifestándose. Si atendemos los datos del gobierno catalán, un 20%. Eso es mucha gente. Hacer el comentario de “Hasta que no se manifieste la mitad de la población, no les haremos caso”, es populista e infantil, se trate del tema que se trate.

Foto: J. Forster

3. El ambiente fue alegre, familiar (muchísimos niños, adolescentes y abuelos). En eso algo parece que ha cambiado, ya no se ve aquello del “català emprenyat” (el catalán enfadado, ese actitud defensiva típica que siempre ha habido aquí). Parece que tampoco hubo enfrentamientos, ni ataques a sedes políticas o empresas. Aunque el discurso “dirigido a España” que se hizo al final desde la organización (lo vi situado a unos 200 metros de la tarima) fue muy duro y con frases innecesariamente agrias, la organización no puede cambiar la realidad general: la gente se tomó la manifestación como una fiesta de catalanismo, en la que hubo todo tipo de gente, y donde, por cierto, los habituales grupúsculos defensores de la violencia pasaron desapercibidos. Estos debieron ser los primeros en sentirse desbordados y fuera de juego ante la marea de gente “normal”.

4. El detalle que más me ha sorprendido ha sido la cantidad de personas castellanoparlantes que había en la marcha. Casi todos jóvenes de menos de 30 años, diría. Hace unos años, habría sido impensable ver a alguien que habla en castellano con sus padres llevando una “estelada” alrededor del cuello. Es algo difícil de entender, incluso para los propios catalanes. Pero se me vienen a la cabeza por lo menos 5 amigos que, teniendo como lengua habitual el castellano, votarían por la independencia de Catalunya ahora mismo.

5. “Escucha, España”. Este era el titular de “El Periódico” esta mañana. Se trata de un diario que para nada tiene una línea editorial independentista, ni siquiera nacionalista. “Escucha, España” es la conclusión con la que me quedo. Es importante que para llegar a acuerdos, una parte escuche a la otra. Como en cualquier comunicación entre personas normales. Ni que sea por respeto, hay que tomarse en serio lo que los catalanes sienten. Aunque cueste entender lo que piden, aunque algunos de los mensajes que salen de Catalunya sean ofensivos a veces… Por lo menos hacer el esfuerzo de escuchar calmadamente, ver si hay algún punto que sea comprensible. Tras otras manifestaciones anteriores, lo que los dos grandes partidos españoles (PP y PSOE) han hecho ha sido pretender que escuchaban sonar el viento. Ignorar los hechos, pretender que no ha pasado nada. Desde el gobierno español no se suele hacer ni una mención a las manifestaciones, dando a entender que no hace falta comentar los gritos de cuatro exaltados. Personalmente, creo que este es el principal motivo que la de que hoy fuera la manifestación nacionalista (y de cualquier tipo) más grande que se haya visto en Catalunya nunca. Aquí la mayoría de la gente se siente tratada como  un niño que llora y al que “los padres” dejan patalear hasta que se aburra. Muchos catalanes consideran que tras tantos años de Diadas casi nadie nunca les toma en serio. Al final, uno acaba pensando que tanta ignorancia te está afectando la dignidad personal. Y eso ha hecho que muchos de los que hoy gritaban por la independencia lo hicieran con una sensación un poco rara. Muchos (yo diría, los que han subido la cifra de asistencia hasta un punto excepcional este año) son ciudadanos que sí creen que Catalunya es una nación pero que hasta ahora no habrían pronunciado la palabra “independencia”. Ahora sí lo hacen, aunque con algo de incomodidad, porque en el fondo muy fondo les dolería mucho separarse totalmente de todo lo que representa España (los lazos familiares, los amigos, muchas regiones con las que están encariñads). Sin embargo, estaban hoy en la marcha porque tienen la sensación de que ya no quedan muchas otras formas de sentirse comprendidos.

Foto: J. Forster

No sé si esto ayuda a entender un poco mejor lo que hoy ha pasado en Barcelona. Ojalá los catalanes en general fuéramos un poco más didácticos de lo que somos habitualmente.

Se acaba Agosto

Desde dentro, a 20 metros de la orilla se ve el sol que empieza a bajar y se acerca a la cresta de los edificios. Las olas van pasando, te levantan cada 5 segundos. Esa nube grande que se ha ido formando ahí detrás (la de la tormenta que tiene que acabar con la ola de calor), está demasiado elevada. El sol en cualquier momento se le escapará por debajo y volverá en el último momento a poner unos minutos más sus destellos sobre el agua. Sin luzel agua era más turbia pero aún así daban ganas de sumergirse, mantenerse en caliente, la brisa en la sombra ya no es tan necesaria.

Ya de vuelta al otro lado, con el mar de frente, sigue ahí el móvil, las gafas y las llaves de casa. Si no tienen mucho valor, mejor dejar las cosas a la vista. Cerca se ha sentado entratanto una pareja. Juegan a algun tipo de juego de mesa con un tablero dibujado sobre la arena. Como piedrecitas que hay que poner en cuadros, será algo japonés. Ella lee  un mensaje que acaba de recibir de un amigo. “Tiene envidia de que no haya ido con él, hoy, a la playa”, dice. A su acompañante no parece interesarle mucho el tema y empieza a hablar de otra cosa.

Anís del Mono. En letras rojas recién pintadas sobre la pared de la fábrica, como para enseñarlo a todos los turistas en temporada de verano. Más allá, junto al pont del petroli hasta le han hecho una estatua al primate personficado en Darwin. Cada ciudad busca sus marcas, las que tengan algo que explicar. Los diarios, los chiringuitos al nuevo estilo, la pista de fútbol. Las familias que vuelven a cojer el bus para volver a Sant Roc. Dos chavalillos comparan sus botellas de plástico en la que acumularn los cangrejos que han cogido.

Los semáforos, el parque, La Caixa. El hombre sentado en su silla delante de su casa no parece aburrirse. Se fijará mucho en los detalles. La fleca, el gimnasio, el bar y el bazar, ambos al estilo chino. El Abacus, a punto de cerrar,después de cruzar la calle principal. Pues es verdad que en agosto hay gente que trabaja, ahí pasa un hombre de mediana edad con la maleta, le deben quedar sólo metros para llegar a casa, ya es fin de semana. En la escalera baja un vecino que va a comprar. “Hola”, “Hola”. A la ducha y el resto de la tarde es para ver una película.

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