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Sound 2011 (II)

Quedan sólo días para acabar el año. Aún con la Navidad muy presente, aquí va la segunda parte de las canciones interesantes de 2011. Las del anterior post estaban más escondidas. Estas seguro que sonarán más.

THE STROKES – Macchu Picchu

Ya pueden recibir las críticas que quieran, pero la música de The Strokes camina, y camina muy bien. Genial como cuidan el sonido, cada nota cuando toca. Para que después Casablancas pretenda que canta con desgana (¡venga ya!).

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COLDPLAY – Hurts like heaven

Lo nuevo de Coldplay tiene sus detalles decepcionantes, como los tracks sin demasiado sentido con sólo un coro facilón. Esta pieza, sin embargo, sí está  a la altura. Cada vez más trabajadas las guitarras de  Jonny Buckland. Una gran pieza, de principio a final.

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SWITCHFOOT – Selling the news

“Vice Verses” es una giro de tuerca más a la simplificación a la que van disco tras disco la banda de San Diego. Paso a paso, han vuelto a sus inicios. Cada vez más mensaje en menos palabras. Y esta es todo manifiesto contra la utilización de los medios de comunicación como herramienta para ocultar la verdad.

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FOO FIGHTERS – I should have known

Foo Fighters ya hace tiempo que se desprendió de la sombra de Nirvana. Acumulan canciones para hacer 2 álbumes de Greatest Hits (llevan uno). Hacen lo que quieren hacer, y lo hacen como pocos. “We don’t use computers and stuff like that, we just do rock’n’roll”. Genial el disco entero, de arriba a abajo. Esta, dedicada a Kurt Cobain: “I cannot forgive you yet”.

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RADIOHEAD – Lotus flower

El baile de Thom Yorke es muy raro. Pero tampoco no hay nada nuevo en eso, los genios se permiten esas cosas. Lotus Flower es una canción que, como la mayoría de temas de Radiohead, crece cuanto más la escuchas. ¡La capacidad de crear ambientes de Radiohead sigue siendo sorprendente!

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Rebates

Fuente: TVE

Durante dos semanas cada 4 años, los partidos se arriesgan a salir de las conversaciones a distancia del Parlamento para entrar a un más incómodo diálogo, en el que no se puede gritar desde arriba sino que hay que responder preguntas directas. De los 2 debates vistos en TVE (Rubalcaba-Rajoy y el de los 5 partidos con más escaños) y el de TV3, se pueden sacar algunas conclusiones:

1. Para empezar en positivo, hay que reconocer que los candidatos tienen una mente privilegiada para mantener y ordenar en su cabeza tantos datos. Es verdad que de vez en cuando leen, pero saberte de memoria las estadísticas que justifican tu visión del mundo no es cualquier cosa.

2. La consigna parece ser aprenderse una frase memorable para cada sección del debate (economía, sanidad, politica territorial, educación…). Si consiguen decirla bien, esa frase clara y breve es la que va a salir en el resumen de los informativos.

3. Hay candidatos que tienen muy poca costumbre de dar explicaciones. Esto les lleva a pensar que pueden seguir con el próximo punto de su discurso pre-preparado exactamente donde lo dejaron en la anterior intervención. Es la téncnica consistente en pretender que el resto de candidatos no existen.

4. Mirar a cámara no es un buen recurso. Parece que por algun motivo incomprensible los asesores lo aconsejan, y algunos candidatos lo explotan tanto que más que un debate parecen estar grabando un spot electoral. No da una buena sensación porque produce el efecto “teletienda” en el espectador.

5. El que se cree vencedor intenta pasar inadvertido, cuenta silencios y sonríe mucho. El que necesita subir en las encuestas echa la cabeza para adelante, lanza interrogantes muy sentidos y pone cara de decepción ante todo lo que oye.

6. Es interesante fijarse en el medio segundo que pasa entre que un candidato acaba su discurso y el realizador decide hacer el cambio de  plano al siguiente candidato que ha empezado a hablar. En ese momento de destensión se nota si está satisfecho con lo que acaba de decir o no.

7. Los partidos pequeños se sienten más a gusto en el plató. Los grandes están demasiado obsesionados por pedir el turno de palabra o buscar el próximo gráfico de colores que mostrar a cámara.

8. Un recurso fácil ante una alusión muy directa es empezar la respuesta con las frase “usted miente” o “no le admito que insinúe…”. Utilizando uno de estos comodines se ganan 3 o 4 segundos para pensar en una forma con la que salir del aprieto. La mayoría de las veces cambiando de tema con un “en todo caso, lo que importa es…” o “y lo dice usted, que…”.

9. A las vueltas de las pausas de publicidad, los tonos pueden cambiar bruscamente. Se nota que los asesores no salen sólo a retocar la posición de la corbata sino muchas veces el propio discurso del candidato. Quien haga el cambio de ritmo más grande seguramente es el que está perdiendo el debate.

10. Por último, una reflexión. Si hubieran más debates (o si los que se dan en el Parlamento fueran más flexibles), los candidatos no estarían tan nerviosos y rígidos, con la sensación de jugarse todo en 90 minutos de retórica televisiva.

Relevancia

Hacer cine es explicar historias especiales en contextos normales. Ficción basada en la realidad. De esta forma, lo lógico es que lo que tiene cierta relevancia en una sociedad acabe reflejándose en las pantallas de alguna forma u otra. En este sentido, no extraña que la fe cristiana protestante o evangélica pueda aparecer (casi siempre, de refilón) en muchas películas de Hollywood. Viendo el contexto del país, es normal. Sí es interesante, sin embargo, que salgan ya películas que no sólo mencionan o incluyen a lo evangélicos, sino que les convierten en el centro de la trama.

Una de ellas es la ultimisima estrena protagonizada por Pierce Brosnan, Salvation Boulevard. Por lo que se puede sacar del trailer (ver abajo) es una comedia ácida sobre los nuevas macroiglesias en Estados Unidos. Se critica el excsesivo respeto (o casi “culto”) al pastor, la fe ciega de algunos, el merchandising literario y las distorsiones de la realidad que se pueden dar en algunos sitios. Como en muchas comedias, parece que se cruzan algunas líneas rojas y se mezclan aspectos reales de los evangélicos con simplificaciones o estereotipos (algunos, ya en el trailer, incluso ofensivos).

Otra película que también sale este verano, en EEUU, es Higher Ground. Mucha más reflexiva, es un film de base indie, así que posiblemente no llegará a España. Las dudas de una joven clave en su iglesia evangélica rural (con todas sus particularidades) parecen desestabilizar toda su comunidad. Probablemente escrita desde una perspectiva atea, el film se acercar con sinceridad a las luchas internas de alguien que no es capaz de creer en Dios, aunque lo intente sinceramente.

Ambos films muestran un enfoque más bien negativo de lo que describen. Pero más allá de los puntos de vista, es interesante ver la relevancia de la fe cristiana evangélica en una sociedad como Estados Unidos, y cómo esto influye la industria cultural del cine en la elección de sus historias.

El cine es eso, cine. Su magia está en mezclar realidad con ficción. Así se consigue el máximo impacto sobre el espectador. Es cultura perfectamente disfrutable, siempre que uno no se deje el sentido crítico en casa. Sin ese filtro (¡ante cualquier cosa que consumamos, de hecho!), uno puede quedar fácilmente abrumado ante la inmensa capacidad de convicción de una historia. Cada film trata de enseñarnos el mundo a través de los ojos de su creador. Pero al igual que cualquier otra persona, el director nunca tendrá una posición neutral ante las historias que explica.

Y Cameron sacó el tema…

Fuente: Telegraph

 

Hace unos años, el Consejo Islámico de Gran Bretaña se reunía para una conferencia nacional. El lema del encuentro estaba escrito en grandes letras, sobre una pancarta colgada de una ventana del edificio donde se encontraban. Se leía: “Islam, el futuro para Gran Bretaña”. Ante las manifestaciones de un grupúsculo de fascistas en la calle, la mayoría de los medios y la gente hacían un esfuerzo por interpretar el  lema del congreso de la forma más positiva posible. A las minorías religiosas hay que protegerlas y nunca es bueno precipitarse a sacar conclusiones xenófobas, parecía que todos recordaban. Aún así las letras grandes, bien visibles, decían lo que decían: “Islam, el futuro para Gran Bretaña”.

Hoy, David Cameron, primer ministro del Reino Unido, ha dicho en una conferencia sobre seguridad en Munich, que “el multiculturalismo” no ha funcionado, en su país. Lo explicaba ante la evidencia de que la mayoría de las personas en la creciente comunidad musulmana siguen sin identificarse con el resto de británicos. El ambiente, además, se ha ido enrareciendo en los últimos años.

La clase política se pregunta cómo pese a sus esfuerzos por integrar a la minoría islámica (por ejemplo, hay una importante presencia de candidatos musulmanes en ambos grandes partidos, conservadores y laboristas), la convivencia sigue siendo tan complicada. Los imanes no han dejado de repetir el discurso de que se sienten víctimas de la discriminación. Por su parte, más y más otros ciudadanos empiezan a estar cansados de que los esfuerzos reales por integrar a todos no den fruto. Y todo esto en un contexto en el que el islamismo radical crece entre jóvenes musulmanes nacidos y educados en el Reino Unido, que han tenido los mismos derechos y oportunidades que cualquier otro ciudadano británico.

Por todo ello, Cameron ha decidido apuntar por primera vez, en público, a las organizaciones religiosas del país que piden derechos a  la vez que alimentan el odio contra sus conciudadanos. El primer ministro ha advertido que  el Gobierno dejará de conceder privilegios (es decir, subvenciones y presencia pública) a quienes no se esfuerzan por ser ser parte del país. Y que el hacer la vista gorda en nombre de la tolerancia también se acabó.

“Hemos fracasado en proveer una visión de la sociedad en la que sientan que forman parte de ella”, ha dicho Cameron refiriéndose a algunas partes de la comunidad musulmana. “Incluso hemos tolerado comunidades segragadas comportándose de formas que van en contra de nuestros valores”, ha insistido.

“Debemos ser claros: Islam e islamismo extremo no son la misma cosa”, ha recordado. Pero hay unos valores a los que los británicos no deben renunciar, y Cameron los ha enumerado en una lista: “libertad de expresión, libertad religiosa, democracia, la legalidad y la igualdad de derechos, sea por raza, sexo o sexualidad”. Por ello, cree que es hora de “reducir la tolerancia pasiva” ante los grupos que vulneran estos derechos, dejarse de eufemismos y preguntarse honestamente, al analizar ciertas organizaciones: “¿Creen en los derechos humanos universales -incluyendo los derechos de las mujeres y los de personas de otras religiones? ¿Creen en la igualdad de todos, ante la ley? ¿Creen en la democracia y el derecho de la personas a elegir su propio gobierno? ¿Están animando a la integración o al separatismo?”.

Estas preguntas al aire del máximo dirigente del Reino Unido pueden marcar un cambio significativo. El sentimiento de culpa que muchos británicos arrastran por un pasado colonialista-esclavista (es decir, racista) aún pesa sobre una sociedad que lleva décadas esforzándose por dar la bienvenida a las personas inmigradas. Ahora, sin embargo, los políticos se preguntan si no se han pasado de la línea y han concedido privilegios especiales a aquellos que no sólo no han querido integrarse en el país al que han llegado sino que además promueven abiertamente una serie de ideologías que atacan a la raíz de unos derechos y libertades que Gran Bretaña ha conseguido instalar tras muchos años de avances sociales.

La tolerancia no es una excusa para cerrar los ojos. Tolerancia no es dar carta blanca a quienes se aprovechan de la buena voluntad de una sociedad para imponer sus propias reglas. Y Cameron se atrevió a sacar el tema… Veremos qué pasa a partir de ahora.

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