Ingenieros

Cableado de tranvía y bus en Berna, Suiza. J. Forster @nosurprises

Cableado de tranvía y bus en Berna, Suiza. J. Forster @nosurprises

Llevo unas semanas maravillándome al descubrir cosas que siempre estuvieron allí pero que no valoraba o daba por sentadas. No me refiero a cosas como el cuidado incondicional de tus padres o lo increíble de estar vivo, sino  a realidades menos trascendentes: lo increíble de lo material que nos rodea. O ‘los materiales’ que nos rodean.

Por ejemplo, viajando por debajo la ciudad me pregunto: ¿Quién decidió la bifurcación de la vía del metro en esta estación secundaria? ¿Qué componentes se usan para montar esta placa lateral y quién debió patentar la fórmula? ¿Cómo se ha decidido dónde construir los parkings públicos en este barrio? ¿Qué líneas definieron este parque? ¿Cómo funcionará el cableado de electricidad que alimenta la iluminación de las farolas? ¿Qué sistema gestiona la interconexión entre los cajeros automáticos? ¿Qué calendario sigue la brigada de limpieza para que calles diferentes tengan un grado de limpieza similar, durante todo el año?

Ingenieros. La mayoría de las mentes pensantes que crean esta red inmensa tienen que ser ingenieros. Gente que hace que las cosas funcionen. Informáticos, arquitectos, químicos, diseñadores industriales, topógrafos… todos, de alguna forma, ingenieros.

Son algo así como los ‘antipolíticos’ de la ciudad, los ingenieros ejecutan formalmente lo que otros prometen. En la administración son los cargos silenciosos, los puestos intermedios que consiguen que los objetivos se cumplan. Personas que encuentran soluciones, y con ello se ganan el pan. Profesionales que no se pierden en la belleza intangible… Si algo es bonito bien, pero se diseña para que sirva para algo.

En la Universidad, estaban los que nos pasábamos el día filosofando, extasiados por las sensaciones y el debate de las ideologías. Y estaban, en otro extremo, los ingenieros: más concretos, más cínicos, menos emocionados por ir corriendo detrás de las nuevas tendencias. “Los de letras” les veíamos a ellos como un poco fríos. Estudiantes que anteponían lo útil a lo interesante. No tan ‘cool’.

Tomando un café, una amiga que es publicista me decía que tras unos 5 años cobrando relativamente bien en una agencia de RRPP, se estaba cansando. Que no quería seguir mucho más en esta dirección, invirtiendo la mayor parte de su tiempo en vender ilusiones. Que le apetecía trabajar en algo que tenga un impacto real en las vidas de otros ciudadanos. Y añadía que admira a los investigadores, que se pasan horas encerrados en el laboratorio, a la vista de nadie, sin hacer ruido, que sólo publican algo 1 vez cada ‘x’ años. Pero que descubren cosas que tendrán un efecto positivo sobre un grupo concreto y real de personas, por muy reducido que sea.

Otro amigo, designer multimedia, escribía en esta línea también hace unos días. Pedía que “el design y el impacto que puede tener en la sociedad no sea algo meramente intelectual y que quede solo en clases teóricas de diseño. A nadie le interesa hablar por hablar, ni darle vueltas a las cosas porque sí”. Añadía que es necesario “ver cuál es la parte efectiva de las cosas” y  “salir de nuestras paredes, de diseños inviables, minimalistas y tendencias, para poder envolvernos y empaparnos de cultura de verdad. Así podemos saber cuáles son los verdaderos problemas a los que nos enfrentamos, y también los que de forma personal nos afectan a nosotros como parte de esta sociedad”.

Me impactan los dos minutos de reflexión del personaje que interpreta Stanley Tucci en “Margin Call”. En la escena, está sentado en los escalones de la entrada de su casa en un barrio residencial de los suburbios de Nueva York, horas después de haber sido despedido de su trabajo como ‘ingeniero bursátil’ (en realidad, la antítesis de lo que es un ingeniero). Explica a su interlocutor que antes de entrar en el mundo de las finanzas y dedicarse a hinchar números y especular con divisas, capital de empresas y bonos, había trabajado para el sector público, diseñando un puente: “Va de Dilles Bottom, Ohio, a Moundsville, West Virginia. Tiene una longitud de 912 pies sobre el río Ohio. 12.100 personas lo usan cada día. Eliminó 35 millas de viaje extra en ambas direcciones, para ir de Wheeling a New Martinsville. Eso es un combinado de 847.000 millas de conducción al día, 25.410.000 millas al mes y 304.920.000 millas ahorradas en un año. Completé el proyecto en 1986… hace 22 años. A lo largo de la vida de aquel puente, eso son 6.780.240.000 de millas que no se han tenido que recorrer. A unas 50 millas por hora, son 134.164.800 horas, o 559.020 días… Así que ese pequeño puente les ha ahorrado a las personas de esas dos comunidades un combinado de 1.531 años de sus vidas que no se han malgastado en un maldito coche…”.

¿Sirve de algo escribir estas líneas o los cientos de posts/artículos que la mayoría de licenciados en Periodismo yan han escrito cuando se acercan a los 30 años? Es una pregunta legítima. Sin necesidad de deprimirse, vale la pena plantearse la cuestión.

¿Qué efecto real, visible, medible, tiene lo que hago? En el caso del periodismo, la respuesta casi siempre será: “No lo podemos saber”. Especialmente ahora, en un contexto online, la única medida que tenemos son las estadísticas de un blog o una web de noticias (que varían mucho), y el muy excitante pero poco interpretable índice de repercusión de las redes sociales.

En la Facultad soñábamos con comernos el mundo explicando nuestras opiniones a todo el que quisiera escucharnos. Tratábamos de replicar el ruido de otros comunicadores que, creíamos, realmente hacían una diferencia sobre la realidad, y a la vez tratábamos de crearnos una personalidad propia (un “estilo”). Pero al cabo del día, más allá de lo vanidoso de los halagos y de la aprobación de los “me gusta” y los “retweets”, ¿qué impacto real queda de las publicaciones de un periodista? A veces, por no conseguir, ni siquiera consigue satisfacer el ego de quien escribe, que sería lo mínimo.

Ingenieros. Ahí se ve, por todos lados, el producto de su trabajo, visible y comprobable. A lo mejor no les falta tanta razón cuando de vez en cuando, en medio de algún momento que otros consideraríamos de placer sublime (una exposición de arte contemporáneo, un concierto de música alternativa, un mítin ideológico) preguntan inocentemente a quien les queda más cerca: “Pero, esto… ¿sirve para algo?”.

Anuncios

Etiquetas: ,

5 responses to “Ingenieros”

  1. Ronald says :

    ¡Gracias Joel!

  2. Francesc says :

    Bueno… aunque en líneas generales puedo estar de acuerdo… diría que también hay un poco de generalización y mitificación en el tema de los ingenieros… 😛

    Sí, son imprescindibles y hacen avanzar una sociedad. Pero hay de todo, como en todo.

    Y menos mal que también hay diseñadores, periodistas, maestros, e incluso políticos utópicos, soñadores, y concienzudos, que ven posibilidades allí donde la razón, los datos, y los informes técnicos dicen que no. En mi opinión, así también cambiamos realidades 😉

    F.

    • joelforster says :

      Totalmente, Francesc. He usado el término “ingeniero” un poco con manga ancha, pero con la idea esta de los profesionales que se ven menos pero consiguen muy buenos resultados que nos benefician a todos. Y totalmente de acuerdo en cuanto a lo otro, incluido políticos, sí 🙂

  3. Josue says :

    Great!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: