Ilusión

Admitámoslo, un hombre y una mujer juntos de por vida tiene toda la pinta de salir mal. Suena a frustración, hasta a caos. Sexo opuesto, con sus cerebros, sus tendencias naturales, la incapacidad de conectar a un nivel profundo. Deseando cosas diferentes, alimentados por egos diferentes.

Están las tradiciones que no funcionaron, las ideas personales que no encajan. La frustración de luchar por algo frágil que tiende a romperse cuando parecía sellado. Los intereses, la realización propia que queda apagada. El enorme sofoco y las ganas de huir y dejarlo todo, probar cosas más sencillas. Darse cuenta que tenían razón los que avisan que transformar a la otra persona no es posible. O peor aún, ver que cambia sin darse cuenta y deja de ser el ‘semidios’ que iba a hacerte feliz.

Y sin embargo, aún caen lágrimas de emoción en las bancadas, durante las bodas. En medio de la ideología que adora la libertad individual sigue ahí la sensación de que puede haber un contacto más profundo. Nos sentimos ‘amateurs’ y vacíos. Y pese a experimentar más que nunca, no ganamos en experiencia. Cada intento confunde, y rebaja un poco más las expectativas.

Pero aún esperamos a alguien que resuma bien nuestras raíces, que nos explique de una vez por todas quiénes somos realmente. Alguien que descubra el lugar del que venimos, que nos saque del narcisismo con el que nacimos y nos enseñe a ver sin distorsión.

Aún soñamos con alguien que sabe lo que hace y que da con la mirada limpia. Un espacio al que dejarse caer, tal cual, sin reticencias. Algo que sólo sea esencia. No lo hemos visto, pero tiene que estar ahí.

Es posible que el matrimonio no sea encontrar lo que buscábamos, sino simplemente encontrarse en la carretera con otra persona que también busca. Un hombre y una mujer incompletos y conscientes de ello, que se atraen por el deseo de encontrar la Vida que no tienen. Dos personas que reúnen lo que poseen y lo venden para encontrarse con alguien superior.

A lo mejor, el matrimonio fue creado para esa búsqueda conjunta, que empieza entendiendo que la felicidad no está necesariamente en la otra persona. Sino más bien en algo ahí fuera. Algo que se deja encontrar.

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