Hip, Hip, ‘Hipster’!

Ser hipsters... a mayo de 2013, en Barcelona. (PlaygroundMag)

Ser hipsters… a mayo de 2013, en Barcelona. (PlaygroundMag)

Ya casi pasado el Primavera Sound, hemos visto lo ‘hipster’ cubrir Barcelona (léase el metro y los medios de comunicación) con mucha más clase que la camiseta blaugrana del Colón. Si Barcelona ya era moderna, estos días más de un ‘hipster’ auténtico habrá pensado en dejar esta etapa atrás, al observar cómo su estilo de vida se ha convertido definitivamente en algo totalmente ‘mainstream’.

La mitad de los europeos alternativos (culturalmente hablando, no hablamos de política) están estos días bebiendo Heineken’s en la capital catalana, mirando con sus gafas de sol en direccón a los nubarrones, al salir del hostal en Clot-Aragó en el que han dejado la maleta con 2 de sus 3  mudas (la negra para hoy, el  estampado de flores ayer y lo rojo claro chillón mañana).

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Asistentes al Primavera Sound. PlaygroundMag

Cuando apareció el concepto, ser ‘hipster’ era vivir en los años 40 y que te gustara el Jazz. No el jazz clásico, claro, sino el moderno, ya se sabe, free-jazz y esas cosas. Pero ahora, la palabra se ha cargado con bastante más significado, pide más a los aspirantes. Ya que ser hipster es, ojo, “una subcultura de personas de entre los 20 y 30 años. De pensamiento independiente, protagonistas de la contra-cultura, la política progresista, amantes del arte y el indie-rock, la creatividad, la inteligencia y las bromas ingeniosas. Las mayores concentraciones de ‘hipsters’ se encuentran en centros cosmopolitas como Nueva York, Chicago y San Francisco. Se consideran rebeldes, rechazan las actitudes culturalmente ignorantes de los consumidores en general, y suelen a menudo ser vistos en tiendas de segunda mano, con pantalones vaqueros ajustados, zapatillas de deporte de la vieja escuela, y gafas de montura gruesa, si las llevan. Tienen pinta de estilistas creativos en salones urbanos. Tienden a ser bien educados”, todo esto, según Eduardo López Alonso.

Menudo trabajo, cumplir los nuevos parámetros. En lo musical, significa pasar horas en internet rastreando blogs indies que recomiendan links a listas de reproducción de ‘grupos promesa’ (aquí entraría cualquier estilo: post-rock, electropop, hardcore de pueblo, músicas del mundo). No es un hobby relajante, teniendo en cuenta que muy pocos lo pueden hacer como trabajo (sólo si eres redactor de Rockdelux o informador en España de Pichfork o medios parecidos). Los deberes hay que hacerlos en el tiempo libre. Una vez descubierto un hit que aún nadie conoce, de unos suecos muy bailables o una banda de argelinos, lo interesante es hacer correr la voz, pero no mucho.

Lo pop (ejemplo de hoy: One Direction en Madrid) debe ser reemplazado por música más seleccionada (elitista, criticarían algunos que no saben mucho), pero que siga siendo muy bailable, aunque no se oiga en las discotecas normales. Bloc Party, por ejemplo, eran para ‘hipsters’ hasta que “todo el mundo” se enteró de su música. Animal Collective fue sensación del 2009, saltaron a la “fama” con un trabajo bastante pop, así que quienes realmente les conocían enseguida recordaron que antes habían hecho música más oscura. El riesgo es claro: todo puede desvanecerse si se dice el nombre de un nuevo grupo islandés demasiado fuerte. El secreto del lifestyle ‘hipster’ está en compartir la información con sordina.

En cuanto a la apariencia (que sí parece muy importante, pese a la filosofía alternativa), ya todo el mundo sabe lo que es vestir ‘retro’, que al principio debía ser barato pero ya no (hasta la ropa de segunda mano parece que sube de precio… oferta-demanda, claro). Huir de las modas no sólo no es más barato, sino que puede ser frustrante. Hay pocas tiendas con ‘esos’ complementos especiales y se trataría de descubrirlas sin que otros te las pisen. El reto es vestir cada verano de una década diferente (cuál, lo dicen desde Nueva York o Camdem). Dependiendo de lo cerca del siglo XXI que quede la época seleccionada, podrán servir, según: faldas de la àvia, camisas de tu padre o camisetas de cuando tu hermano mayor tenía tu edad (esto servirá cuando llegue el revival e los 90s, que está al caer).

Cambio de escenario. PlaygroundMag.

En cuanto a la limitación de edad propuesta (20-30), la definición de arriba no parece muy clara. Por barrios tipo Born hay gente con mostachos retro muy conseguidos en sus cuarentas, y en la universidad (facultad: Periodismo) está la gente que lleva con más estilo los tejanos apretados de pitillo. Son los de Primer curso.

Para acabar habría que preguntarse qué significa exactamente ser ‘contra-cultura’ (¿se puede identificar a 2013 ‘una’ cultura dominante contra la que rebelarse?) y a la vez ‘subcultura’  (lo que se solía llamar tribu urbana).

Analizado todo ello muy superficialmente, sí queda clara una cosa. El nivel está muy alto. Se ‘hipster’ requiere ganas y bastante sacrificio. Aunque hay que matizar que los de ciudad (‘la ciudad’, léase: Barcelona) tienen algun gen que les facilita el camino (para los de pueblo, los intentos se quedan en ser ‘pijo’).

¿Pero el sacrificio realmente lo vale? Está bien tener estilo, hablar de tendencias de las que en tu barrio nunca han escuchado hablar o llevar la ropa que H&M pondrá de moda en 2015 (algún ‘coolhunter’ te fotografió paseando por La Rambla sin que te dieras cuenta).

El precio de ser alternativo es demasiado alto. Pero ahí está el quid para asegurarse de que lo ‘hype’ se mantenga en áreas reducidas.

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La cerveza. PlaygroundMag.

[Perdón por avanzado por lo ‘mainstream’ de este post.]

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