Ryanfare

La revista de autopromoción (¡gratuita!) de Ryanair. Te la dejan llevar a casa.

Ryanair. El amarillo chillón con el azul. Su página web llena de banners y lo difícil que se hace no caer en trampas clickando sobre reservas de coches, maletas Samsonite y otros ‘servicios’ que no necesitas, en el proceso de imprimirte el papel que te ahorrará 40 euros extra en el aeropuerto.

Volvía de Alemania hace unos días. De un pueblo, Hahn, que supuestamente está al lado mismo de Frankfurt, a tiro de piedra. En realidad eran dos horas de bus y su coste en Euros alemanes. Una vez allí, sentado en una de las pocas sillas de plástico disponibles, me fijaba en el logo de aeropuerto, un gallo (el significado de Hahn, en alemán) con gafas de sol y un sombrero de paja. Claro, de ahí la explicación que desde España podamos ir a Alemania y tantos sitios de Europa. No es que Ryanair crea que los ciudadanos españoles sean sus mejores clientes. La ruta se abrió para hacer los viajes en sentido contrario, hacia el sun&beach.

Como el aeropuerto es “propiedad” de la compañía irlandesa, los señores que te piden meter la maleta en la caja de metal (ya se sabe, “If it doesn’t fit, it doesn’t fly”) ya ni esperan a que llegues a la puerta de embarque. Estan esperandote tan pronto sales del control de seguridad. Allí mismo, mientras recojes tus cosas de la cinta y te vuelves a poner el cinturón y el reloj, los empleados de Ryanair ojean tus pertenencias en búsqueda de maletas punibles.

Más adelante, en la puerta de embarque, una vez más el desprecio a los pasajeros. Una hora antes, aún fuera de la zona de seguridad,  había escuchado como un empleado le decía a una clienta que su maleta de cabina era demasiado grande, y que tenía que facturarla, y añadía: “This is a low cost company, if you don’t like it, you can fly with someone else”. Ahora en la cola, sigue el esfuerzo por hacerte sentir un pasajero de segunda clase. Cuando ya los priority boarding han pasado y se ha abierto la cola de los other q, llega un pasajero priority un poco rezagado. La única azafata que nos atiende hace un gesto que debe haber estudiado en sus clases de Ryanair. Ignora repentinamente a quien estaba atendiendo en ese momento, y dándole la espalda recibe con una sonrisa al recién llegado que ha pagado como 20 Euros más. Ese dinero extra bien vale dejar a otro pasajero con la palabra en la boca.

La explicación de esta actitud, por si no nos habíamos enterado, la tenemos en un letrero enganchado en la mesa de recepción. Una imagen muestra a un supuesto turista (un priority) con cara de satisfacción apuntando con el dedo y mofándose de la cola de viajeros que no son tan exclusivos como él. Los de la cola, que en la imagen parecen sufrir depresión,  representan a la mayoría de los que estamos allí, esperando.

Es la política más eficiente, parece. Humillar al cliente. Después de pasar el chequeo de billetes quedamos en una pequeña sala esperando que abran las puertas a la pista. Pero han hecho el embarque demasiado pronto y aún no está listo el avión. Así que la salita se llena. La misma azafata de antes, que es la única, por cierto, nos llama la atención a gritos un par de veces, que vayamos más hacia adelante. No lo dice ni con una sonrisa ni con el “por favor” (que en inglés es “please”, aun más corto y fácil de decir). El contraste a todo esto son los dos pasajeros más jóvenes, dos hermanos de unos 6 y 4 años, que con sus mochilas enormes se cuelan inocentemente entre las piernas de los viajeros, avanzando puestos en la cola, ajenos a todas las normas de Ryanair. Su madre, desde el fondo, intenta llamarles la atención pero no puede evitar partirse de risa. Todos sonreimos observando la escena. Es bueno ver que los valores de Ryanair no nos han quitado el sentido común. Si hubiera estado allí un dirigente de Ryanair (lo cual no es posible porque deben volar en Swiss o Lufthansa) a lo mejor se habría inspirado para crear una nueva tasa para menores de edad que no respetan el orden de embarque.

Ya en la cabina, el equipo se dedica a sacar todas las mochilas que hemos dejado en los compartimentos para el equipaje. Que no hay suficientemente espacio, nos dicen, asi que sólo pondremos maletas arriba, todo el resto de cosas, entre las piernas. La cosa se complica, porque ya de por sí mis piernas tendrán poco espacio. Aunque no me quejo, a mi derecha un pasajero que mide como 20 centímentros más que yo tiene que poner las piernas saliendo al pasillo. Suerte que el hombre no llevaba mochila.

Llegamos tras dos horas escuchando publicidad sobre cigarrillos sin humo con gusto a menta, ‘delicious paninis’ a 5 euros, sorteos con scratch card “to help charities” (así, sin definir a qué ONG’s dan el dinero), tarjetas de llamadas internacionales, perfumes de outlet y llaveros Ryanair (¿quién compraría un llavero Ryanair? ¿Para ser la burla de tus amigos? ¿Para regalarlo en un ‘secret santa’?). El capitán había informado que íbamos con 10 minutos de retraso. Aun así, al aterrizar, nos ponen a todo volumen la musiquita triunfal. Dice ago así como: “Yet another Ryanair flight in time. During last year, 90% of our flights arrived in time, beating any other european airline. Ryanair, for the cheapest fares”.

Dos horas sin moverse y con la rodillas clavadas en el asiento de delante. Es lo que tiene volar en lowcost, me dirían desde la compañía. Pero para este trayecto, Frankfurt-Madrid, sólo vuelta, he pagado 115,53 Euros.

El manager e ideólogo de todo esto se llama Michael O’Leary. Para conocer su última polémica basta buscar su nombre en Google Noticias. Alguna habrá protagonizado en las últimas semanas. Es un tipo que piensa que “da igual qué es lo que dice la gente, lo importante es que hablen de ti”. También cree en la publicidad gratis generando polémicas que aparezcan en la prensa. Algunas formas de conseguirlo es provocar a los trabajadores de otras compañías mientras estos protestan porque estan a punto de perder su trabajo. Otra forma típica de promoción de O’Leary es hacer (perdón) el imbécil en medio de azafatas de su compañía en lencería.

Ryanair es la segunda empresa más odiada en el Reino Unido, sólo por detrás del Manchester United. En España, está en el top 5 , junto a telefónicas como Movistar y Vodafone.

Nunca me han llamado para una encuesta, pero si me hubieran preguntado para esta, Ryanair se llevaría el número uno. Por cierto. La compañía parece estar encantada con su reputación y siguen mejorando su lucha particular por mantenerse ahí arriba. Siguen forzando los límites de la paciencia de la gente. A ver hasta dónde podemos llegar. Al fin y al cabo, la gente sigue llenando nuestros aviones.

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4 responses to “Ryanfare”

  1. Sophia Casas (@sophiacasas) says :

    Por tu culpa quiero comprarme un llavero Ryanair.

  2. Dàmaris Clariana says :

    Doncs deu ni do no? No mho imaginava aixi

  3. Josué says :

    Yo hace años que ya no vuelo con Ryunfare, lo peor de lo peor…

  4. Marcos Novio says :

    tio, sincerament…. m’ha encantat! Com no m’has dit abans que ja conèixes Frankfurt? 🙂
    Marcos.

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