¿Somos más tontos?

by joelforster

Llevamos poco tiempo teniendo acceso al internet de verdad, las 24 horas, a gran velocidad y a un precio asumible. La mayoría de jóvenes en Europa o Estados Unidos somos de los primeros en haber incluido la pantalla como algo básico de nuestra vida.

¿Qué dirán de nosotros en unas décadas, cuando analicen el cambio drástico de integrar internet en nuestros movimientos más habituales? Ya es evidente que ha cambiado nuestra forma de descubrir el mundo y de aprender. ¿Pero qué efecto está teniendo en cómo pensamos? Es posible que la salida a escena de internet como herramienta básica sea el corte que utilicen en el futuro para marcar un cambio de época en la Historia. Pero de momento no sabemos mucho sobre cómo nos cambiará realmente todo esto.

Es interesante como plantea las primeras teorías sobre el tema un  artículo de Alberto Cairo. Vale la pena leer el artículo entero. Son 5.000 palabras, y llegar al final sin distraerse con otras cosas es un buen ejercicio precisamente para testar una de las teorías que el propio autor propone en el texto.

Para quien se lo quiera ahorrar, aquí algunos párrafos de varias ideas que me han parecido interesantes:

(Algunas autores) …auguran la llegada de una nueva “edad oscura” cuando quienes hoy son niños y adolescentes, educados en la omnipresencia de los medios digitales, alcancen la madurez. Según estos autores, las nuevas generaciones son narcisistas y superficiales. En el futuro, sostienen, la inteligencia media de los seres humanos será inferior a la de sus progenitores.

En tono mucho más moderado y razonable, Maryanne Wolfe, jefa del Centro de investigación de la Lectura y el Lenguaje de la Universidad de Tufts, se preguntó en Proust and the Squid: The Story and Science of the Reading Brain (2007) si Internet no fomenta el consumo en diagonal de textos cada día más breves y estilísticamente pobres, en detrimento de la cultura libresca, basada en la lectura lineal y lenta de obras largas, bien elaboradas y editadas.

Johnson añade que muchas de las grandes ideas surgidas a lo largo de la historia no nacen de mentes privilegiadas trabajando en solitario dentro de laboratorios silenciosos, sino que emergen en “espacios de conexiones, de colisión entre diferentes cosmovisiones, sensibilidades y especializaciones. No es por accidente que la mayor parte de la innovación científica y tecnológica del último milenio se haya producido en centros urbanos abarrotados y llenos de distracciones. La Ilustración dependió más del intercambio de ideas que de la lectura solitaria y concentrada”.

Nuestra relación con los medios digitales debe basarse, pues, en controlar lo que nuestra naturaleza ansía a través de lo que la razón dicta. Esta es la clave para enfrentar dos de los grandes desafíos reales que Internet plantea, relacionados, sí, con la forma en que nuestra mente funciona: la tendencia a la multitarea y las burbujas personalizadas.

Lo que debe preocuparnos de los nuevos medios no es que cambien nuestro cerebro, sino que potencien y se nutran de instintos perjudiciales: el hambre por novedades triviales y la seducción del sectarismo.

Gracias por la recomendación, Suburbios.

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