Maryville

La última vez que esperaba un tren en la estación de Passeig de Gràcia, en Barcelona, ví salir del convoy de la vía de enfrente un joven de unos 25 años. Llevaba un periódico en la mano y caminaba seguro hacia adelante, después retrocedía corriendo, y miraba muy fijamente a cosas que el resto de personas que estábamos allí no alcánzabamos a encontrar. De aquí para allá, de vez en cuando se balanceaba sobre una pierna meintras gritaba como un bebé contento, con chillidos que asustaban a quien estaba cerca. La mayoría de gente le esquivaba el paso, y sus movimientos como de sonámbulo me llevaron a pensar que en cualquier momento acabaría cayendo a la vía.

Ayer, otro hombre, de aproximadamente la misma edad, entró en una iglesia de Maryville, un pequeño pueblo en Illinois. Eran las 8 y 15 de la mañana del domingo, tiempo para la primera celebración dominical de las 3 que tendría que haber habido en la First Baptist Church. La reunión estaba empezando, y el pastor de la comunidad se dirigía a 150 personas, dándoles la bienvenida. El hombre que había irrumpido en la sala, pasó entre las sillas por el pasillo central, en dirección al pastor. Se acercó al púlpito, donde Fred Winters paró de hablar y le preguntó al desconocido si le podía ayudar en algo. El joven le contestó algo que nadie entendió y sacó una pistola.

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La primera bala que disparó fue a dar en la Biblia que Winters llevaba en la mano, y la hizo explotar en mil pedazos. Varios testigos dicen que parecía un surrealista “confetti”. Según explicó la policía después, muchos pensaron en un primer momento que se trataba de un ‘skit’, como lo llaman allí, un sketch. Pero no, el atacante disparó 3 veces más, y ya sí dió en el cuerpo de Winters, matándolo a sangre fría, enfrente de la iglesia. Después del shock inicial, dos personas saltaron sobre el personaje, que ya había sacado un cuchillo para seguir con la sangría.

Si el pastor Winters era o no un ‘buena persona’, no lo sé. Ni viene a cuento. Lo que sí sé por la gran cantidad de artículos que se han escrito sobre ésto en las últimas horas, es que tenía esposa y dos hijas adolescentes. Sé que empezó con esta iglesia hace 22 años, y que en la pequeña Maryville (7.000 habitantes), 1.200 personas forman parte de la comunidad cristiana que él había levantado al largo de todos este tiempo.

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Nadie sabe (a lo mejor ni siquiera el asesino) lo que le pasaba por la cabeza cuando entraba por la puerta abierta de la iglesia. Si habría dormido aquella noche, o si había empalmado después de una noche de fiesta. Si llevaba tiempo planeándolo, o algo meramente momentáneo le llevó a hacer lo que hizo. Si tenía sed de venganza, si sentía rabia contra Dios, contra los cristianos, o contra Winters.

Lo que sí sé es que nadie le impidió llevar una pistola (del calibre 44). Ninguna ley, ninguna norma. Si aquí las cosas fueran igual,  el chico de la estación del que hablaba al principio hubiera podido también llevar una arma de fuego en la mano. Y puedo asegurar que los que le observábamos con sonrisas contenidas, habríamos temido por algo grave.

Por último. Sé de la importancia que tiene la vida humana, no sólo para uno mismo sino para los conocidos, amigos y familiares de uno. Por eso, no entiendo que en Estados Unidos siga siendo más importante la libertad de quién quiere comprarse una arma (para utilizarla)  que el derecho a vivir de quien sin entender nada nota como le atraviesa el cuerpo una bala, y dos, y tres.

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Más información en USA Today, CNN, y Chicago Tribune.

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9 responses to “Maryville”

  1. Gemma says :

    Final contundent i reivindicatiu. M’agrada. Has llegit sobre “la tornada de l’IRA”?
    Cuida’t.

  2. Timothy Barton says :

    Plenament d’acord amb tu.

  3. Carolina says :

    Joel, tens una redacció periodística espectacular. Un cop més no deixa de sorprendre com n’estàs d’enamorat de la vida i de la teva professió.

    Pels poetes.

  4. Alex says :

    Ja es comencen a veure guàrdies de seguretat als aparcaments d’algunes mega esglésies dels Estats Units. Gràcies a Déu que tenim versets com Joan 16:33 a la Bíblia…

  5. Timothy Barton says :

    Aquest matí, he sentit una altra notícia d’un tiroteig als EE.UU.

    Per fer una mica d’advocat de diable, per què no passen aquestes coses a Suïssa, on els homes no només tenen el dret de tenir armes, sinó també l’obligació?

  6. Jordi says :

    Es busca legalitzar les armes per defensar-se, però evidentment és un espiral de conseqüències normalment majors. Segons el lloc, la cultura.

    Però l’ésser humà, al mateix temps, aspira a que no passin aquestes o d’altres coses: “tant de bo les persones fóssim…” i com menys coses anòmales passen, potser també menys necessitat tenim de buscar a Aquell a qui vam crucificar entre tots. Doncs ens creiem justos.

  7. Jordi says :

    Bé, ejem, ens creiem justos i ho som en/per Jesús, sempre em deixo algo:P

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  1. Samson, Geneva, Winnenden…. « No surprises - marzo 11, 2009

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