Mis preocupaciones están sobrevaloradas

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En el metro de Sant Antoni, hay un abuelo siempre sentado en el mismo trozo de banco, mirando a la via que va dirección Paral·lel. Lleva unos pantalones de vestir que fueron negros, y un jersei de lana. Suele estar medio sentado, medio estirado, con sus bolsas de plástico al lado. Aparenta estar dormido. Nunca le he visto pedir nada. Tendrá unos 70 años.

En Pelai, en la primera 1/4 parte de la calle, si vas en dirección a Catalunya, está otro hombre, de mirada fija y unos 55 años. En una salida de un local que lleva meses cerrado, se resguarda del viento. Sentado en el suelo, con los pies en v invertida. Lleva consigo, también, muchas bolsas de plástico. Suele ir afeitado, y con el pelo no demasiado largo. Parece haber econtrado una forma de pasar horas en esa posición, sin preocuparse excesivamente por el frío.

En el tren a Terrassa, está la mujer de la guitarra. Tendrá unos 55 años. En un brazo lleva colgada la funda del instrumento, y con el mismo rasga las cuerdas. Con la otra marca los acordes, y con su voz canta canciones de amor no correspondido. Tiene una voz increíble, y un aspecto fuerte, aún pese a su baja estatura y su ropa vieja.

En el mismo tren, a otras horas, otro hombre mayor. Tendrá 65. Va bastante bien vestido, con sus zapatos, su camisa y su americana marrón. Aunque su cara demacrada y su marcada cojera le diferencian de un anciano al uso. A duras penas avanza por el vagón, con la mano extendida, pero sin expresión en la cara. Nunca he visto nadie que le diera una moneda.

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Y así se van viendo cada vez más y más personas de ya cierta edad, algunos ya ancianos. En la calle, enmedio del frío. Algunos ofrecen algo a cambio de la limosna, otros parecen pensar que ya a su edad poco se les puede pedir. Excepto conservar la dignidad.


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2 responses to “Mis preocupaciones están sobrevaloradas”

  1. chusneo says :

    Cuando llevas una rutina, y siempres estás en los mismos trayectos, te das cuenta que hay cosas que siguen una monotonía.
    Esa chica despistada que cada día llega tarde al tren, ese ancianito solito que espera en la parada como si esperase a que alguien fuera a buscarlo…
    Hay mucha gente solita, y tienes razón en que cada vez la sociedad “nos” despreocupamos de la gente más mayor… a veces… nos olvidamos que esas personas son las que nos han cuidado, las que nos han enseñado, las que nos han motivado, las que nos han amado…

  2. Jonathan says :

    Sí, es curioso cómo cuanto más vemos estas escenas diariamente más nos insensibilizamos frene a ellas… y nos olvidamos que son personas… sí, esas que nos han enseñado, motivado y amado.

    Es cierto que el problema es a nivel social, y tiene una profundidad con la que no podemos luchar, sin embargo sigue siendo necesrio que todos pongamos nuestro granito de arena.

    Lo diferente que tiene este tema con otros sobre los que nos sentimos pequeños y creemos que nuestro “granito de arena” no sirve de mucho es que cada granito (cada gesto, cada sonrisa, cada mano que ofrezcamos…) puede marcar una vida. Y una sola vida tiene valor eterno.

    Esto lo aprendí leyendo sobre alguien que vivió hace dos mil años y es una medida sobre el valor que tiene el ser humano que sigue estando vigente hoy.

    Y yo tantas veces lo olvido…

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