Dave, un estudiante universitario de aquí, en Sunderland (Inglaterra), donde estoy viviendo en el momento, me dejó el otro día la película “Hotel Rwanda”. Habíamos estado charlando durante bastante tiempo sobre sus intenciones de irse a África después de la carrera. Me enseñó su colección de libros en swahili, la lengua que está aprendiendo ahora para prepararse.
Ésta tarde he visto la película, y sentido rabia. Por la violencia sin piedad, sin argumentos de peso, entre hutus y tutsis, en su momento, y por la cobardía de los países que podíamos hacer algo e hicimos muy poco. Y me hizo pensar en lo peligroso que es utilizar los sentimientos nacionalistas, raciales, localistas, identitarios… que todos tenemos (en un sentido u otro, más evidentes o menos), de forma extrema. La recomiendo, da que pensar.
Poco después me metía en El País, y he aquí un reportaje sobre una ideología que ya hace años que se reinstalando en países que deberían explicar mejor su historia reciente. “El fascismo despierta de nuevo en Italia”.
Y de ahí, al documental Nazi Rock, que explica como no sólo en Alemania o Estados Unidos el fenómeno va tomando lugar, como ya saíamos, sino también en Gran Bretaña, Italia… Vale la pena verlo. Y pensar. Y sacar conclusiones sobre quienes somos, cuál es nuestra identidad real. Y qué diremos si el fascismo se va exteniendo entre la gente, y acaba apareciendo en los gobiernos de los países donde vivimos.

