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Expropiar mi ‘timeline’

Google recoge mis datos y los contenidos que produzco en gmail, Plus, Youtube, WordPress, etc. Facebook guarda todo lo que tengo y tenía en mi muro, ahora ‘timeline’, y me sugiere añadir más información, crear nada menos que mi propia biografía online. Se trata de crear un perfil único y muy afinado de cada usuario de la red. Una colección de datos completa que sirva para convertirtme en un target muy afinado y así venderme publicidad adaptada al máximo a mis intereses, a quien yo soy. Así es como las redes y herramientas sociales han ganado valor en bolsa, es el arte de convertir información en dinero.

Facebook y Google saben tanto sobre nosotros (de algunos más que de otros, según nos hayamos expuesto) que se han converitod en la envidia de los gobiernos. Los estados suspiran por conocer tan bien a sus ciudadanos como Zuckerberg, Page y compañía nos conocen.

Así que los estados empiezan a pedir esa información a quien la tiene, legislando. No es tan difícil, basta con impulsar una ley que exija poder acceder a la información que ha acumulado una empresa. Se crea la ley con una mayoría parlamentaria (es decir, democráticamente), se aguanta el chaparrón de las críticas y protestas durante unos meses, y cuando la indignación minva, se aplica. Es ley y hay que cumplirla. Las empresas ceden, y nuestro perfil creado a lo largo de años y años con miles de datos que nos identifican,  pasa a manos del gobierno.

CISPA es una nueva ley que se está preparando en EEUU:

“La Cámara de Representantes aprobó esta semana un controvertido proyecto de ley que, de salir adelante, facilitará el intercambio de información entre empresas privadas y organismos federales. (…)

La legislación permite que compañías privadas que operan en la red intercambien información sobre los usuarios con las agencias federales, bajo la justificación de un posible ataque informático. El Gobierno, a cambio, también puede entregar datos significativos a las empresas para que puedan proteger sus sistemas. (…)

En uno de sus artículos más controvertidos, CISPA garantiza la inmunidad jurídica de aquellas organizaciones que entreguen datos de sus usuarios, un aspecto denunciado por varias organizaciones en defensa de los derechos civiles y de los internautas. (…)

“Una vez que el Gobierno tiene en su poder la información, la ley no explica cómo puede utilizarla, cuánto tiempo puede conservarla o a quién más puede cederla”, denuncia la organización a través de una página web creada específicamente para protestar contra la falta de garantías establecidas en la ley. (…)

Facebook o Twitter podrían intercambiar el contenido de los muros o los mensajes de sus usuarios con las agencias de inteligencia siempre que consideren que su contenido supone un riesgo para la seguridad informática del país. (…)

Sin embargo, mientras que los líderes de estas compañías se mostraron abiertamente en contra de las leyes SOPA y PIPA, CISPA cuenta con importantes apoyos en el mundo empresarial – como Facebook o Microsoft- dado el carácter voluntario del intercambio de datos y la inmunidad jurídica que les garantiza la ley. El País, “Ciberespiados por su bien” 28/04/12

EEUU empieza a preparar el camino para acceder a los datos personales almacenados online. CISPA de momento habla de “ceder voluntariamente”, sólo en caso de amenaza a la seguridad nacional. Pero ya que se ha colocado el precedente, cabe pensar que de aquí a unos años las iniciativas legislativas ya no serán tan políticamente correctas. Nuevas leyes podrían exigir que toda la información que hemos subido a internet deba ser entregada a la administración, sin reservas.

Para que las empresas no se sientan explotadas, estas recibirían inmunidad jurídica como compensación, explica la noticia. Una ‘ayudita’ a cambio de que las grandes companías no pongan obstáculos.

La justificación, como siempre, es que los gobiernos hacen estas políticas “para garantizar nuestra seguridad”. Los gobiernos necesitan más información con tal de protegernos mejor de posibles ataques del “enemigo”.

¿Qué podría implicar todo esto? Teorizando mucho, el problema en unos años para cualquier ciudadano podría ser este. Toda la información que sobre mí se ha creado está en manos de un gobierno. Hay que recordar que un gobierno no es algo abstracto o neutral, son personas con sus ideas e intenciones y una agenda política. Este gobierno, que me conoce perfectamente porque sabe todo lo que internet dice de mí, está dirigido por un presidente que en un momento concreto considera, siempre según su criterio pero avalado por una “mayoría social”, que yo me he convertido en un peligro para la nación que él lidera. Que mi ideología, mi fe, mi comportamiento o mis expresiones (privadas y públicas, pasadas o presentes), han dejado aceptables socialmente. En otras palabras, me he convertido en una amenaza. Y por tanto hay que proteger a la sociedad de alguien como yo. Ese gobierno, según una ley concreta, tendría acceso a toda la información que hay sobre mí en internet (pública o privada): mis opiniones, los sitios donde estuve, mis amistades, las organizaciones que he apoyado, los contenidos que compartí, todo. Suficiente información para dictar una sentencia. Un “timeline” completo que apuntaría a mi culpabilidad. Soy un enemigo, tienen la información que lo demuestra. Sólo falta la sentencia.

El ejemplo es una teoría conspiratoria, hoy por hoy. Pero pasos como los de la CISPA en Estados Unidos, abriendo la vía a expropiar la información de empresas privadas que prometían guardar nuestros datos personales bajo llave pueden preparar el terreno para dar una información valiosísima a pocas personas con mucho poder, y potencialmente un control sobre los individuos que suena a ciencia ficción. La información es poder, hoy aún más. Iniciativas como las que se impulsan ahora facilitarían mucho que vuelvan a surgir sistemas de control ideológico que ya se vivieron en el siglo XX. Con el añadido de que tendrían un impacto global, como la información en internet.

Vale mucho la pena leer 1984, de George Orwell. Escribió la novela en 1949, parece mentira.


Obama se re-explica

Esta pasada madrugada, a Barack Obama le tocaba afrontar su primer Discurso sobre el Estado de la Nación. Posiblemente una de las mejores oportunidades para que la mayor cantidad de estadounidenses posible le vieran decir algo nuevo, intentar un impulso nuevo para cambiar el ánimo en EEUU, y de paso frenar la caída de su imagen en las encuestas de opinión.

Se puede ver el discurso entero (con una traducción en texto muy útil) en El País.

Después de esuchar el discurso, estas son algunas de las características que me parecen destacables:

1- Un tono populista suave hila todo el discurso, “populismo del bueno”, es decir, sacar un poco las cosas de contexto, pero con la excusa que es para animar al país.

2- Sorprenden las muchas iniciativas nuevas que Obama propone.  Pero sorprende que pese a que insiste en la necesidad de tomar decisiones difíciles, todas y cada una de las medidas que propone seguro que sonarían bien al 90% de los ciudadanos: exijir más impuestos a los bancos, más becas universitarias, reducir más impuestos a las clasese medias, más energías renovables, etc… Da la sensación que alguna medida se debe haber guardado, cuesta de creer que toda la actuación del Gobierno suene tan bien.

3- Destaca del discurso que del siempre ultracorrecto Obama salen esta vez más frases críticas y hasta sarcásticas de lo habtitual, especialmente contra los bancos, la bolsa, los lobbys… a lo que pinta como los malos de la película. Y también destacan en su discurso (esto tambien es cierto populismo) los constantes ataques  a “Washington”, del cual él mismo es la cabeza más visible, ahora mismo.

Fuente: NYT.

4- Obama no es republicano, pero en un discurso así tiene que parecerlo. Así que el patriotismo a veces suena hasta molesto. Advierte constantemente contra otro países, diciendo (mientras todo el Congreso se pone de pie a apludirle) que otros “competidores” como China, Alemania, la unión Europea no deben avanzar más rápido que Estados Unidos. Porque “yo no acepto que EEUU tenga el lugar número 2″, concluye.

5- El discurso es serio, reflexionado, muy bien pensado. Da la sensación que se han integrado muchos ingredientes, y no faltan las historias personales de ciudadanos que “me han escrito, cartas que leo todas las noches”, con las que Obama emocionaliza las nuevas leyes que presenta al largo del discurso.

6- Muy al principio, el presidente lo deja claro. Entre todas sus diferentes prioridades en su campaña, todos los cambios que tenían que llegar… reducir el paro será la prioridad. La educación, la reforma sanitaria, Afganistán, la seguridad también se citan, son temas importantes, pero serán secundarios de cara al 2010 (sólo la sanidad parece que puede compartir protagonismo con el crear nuevos puestos de trabajo).

7- Destaca que Obama vuelve a sacar a relucir su vibrante capacidad oratoria, suena equilibrado, y con ritmo. Pese a tomarse una hora y diez minutos, su discurso no aburre.

8- Es gracioso como Joe Biden (vicepresidente) y Nancy Pelosi, la presidenta del Congreso, aguantan muy bien la presión de salir en segundo plano todo el tiempo, mientras habla Obama. Sonríen, asienten, y se añaden con ganas a los aplausos en pie de los demócratas, cada dos-tres frases del presidente.

Fuente: NYT.

9- Es de agradecer que Obama utiliza el tiempo para explicar planes de acción, dar datos, hacer previsiones, y prometer nuevos proyectos muy concretos. En cambio, alude mucha a combatir el cambio climático, y trabajar con energías sotenibles, cosa que en Europa, después de haber visto su floja aportación en Copenhage, suena a exageración.

10- Molesta un poco la manía que Obama tiene de adular a los ciudadanos. El americano medio lo hace todo bien, trabaja duro, tiene esperanza, apoya el bien, y nunca se aprovecha del sistema, como sí lo hacen los malos banqueros. Es muy bonito, pero no es la verdad.

11- “No podemos estar cada día en elecciones”. “No podemos siempre pensar que si el oponente pierde, nosotros ganaremos”. “Estamos aquí para servir a los cudadanos, no cultivar nuestras ambiciones”. Esto en cambio, suena más creíble, en un Obama que realmente se ha esforzado en cambiar el canibalismo político.

12- Y para acabar… ¡qué personalidad que tiene Michelle Obama! Cuando el presidente cita su trabajo para cambiar las tendencias de alimentación de los niños, ella mantiene el tipo ante la ovación de los congresistas, sonríe con seguridad ysaluda discretamente, para pedir después con un gesto que no necesita tantos aplausos, y que es mejor que siga el discurso.

En general, un buen discurso. En la forma, y sobretodo en el contenido. Pidiendo más trabajo unido entre republicanos y demócratas, criticando su propia trayectoria en algunas aspectos, y recordando al final los valores democráticos, y el empeño que son necesarios para cambiar las cosas y mirar adelante con ilusión, con proyectos concretos.

Aquí el análisis del discurso en CNN

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pd Por cierto.. por qué en EEUU el concepto “bipartidismo”  (acuerdos entre los dos partidos principales) es positivo? Es mejor que el unipartidismo, sí, pero no sería mejor buscar el acuerdo más allá de demócratas y republicanos? Acaso no hay un monton de ciudadanos que no se identifican ni con unos ni con otros?


El vicepresidente más poderoso de la historia

Vale la pena leer este reportaje. Es política, sí. Pero está escrito como cualquier artículo político debería estar escrito: con mucha profundidad, con descripciones aclaradoras, con metáforas y anécdotas. Un artículo de los que uno disfruta leyendo de arriba a abajo.

Aquí algún extracto, y a quien le interese, al final está el link: “La obra del señor oscuro”, de John Carlin. En El País.

dick_cheney_george_bush

Cuando la revista People le preguntó a George W. Bush cuáles eran los episodios de sus ocho años en la Casa Blanca que recordaba con más frecuencia, el presidente resaltó uno en particular: la vez que lanzó la bola inicial en la final del campeonato nacional de béisbol. “Curiosamente, nunca sentí tanta ansiedad en ningún otro momento de mi presidencia”, explicó.

Los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, la guerra en Irak, Abu Ghraib, Guantánamo, las cárceles secretas de la CIA, Gaza, la implosión del sistema financiero mundial… Nada comparado con el terror que sintió el presidente saliente ante la posibilidad de hacer el ridículo en un campo deportivo. Lo cual no debería de provocar demasiada sorpresa. En parte porque la gran pasión de Bush es y siempre ha sido el béisbol (se ha comentado en Washington más de una vez que el puesto de presidente de la federación nacional del deporte representaba el límite de sus posibilidades de gestión); y sobre todo, porque la carga de las grandes decisiones que se han tomado durante su presidencia no la ha asumido él, sino su vicepresidente, Dick Cheney.

El gran atractivo para Bush es que Cheney hace casi todo el trabajo y no exige nada del crédito. Está feliz en la sombra. Más bien, ha preferido no salir de ella, evitando así el papel protocolario que tradicionalmente le corresponde a un vicepresidente. Los aplausos del público le llenan menos que la autosatisfacción secreta de saber que él es el que ejerce el poder. No perdió el tiempo en asumirlo. Nada más ser elegido candidato a la vicepresidencia, se encargó en el interregnum entre las elecciones de 2000 y la inauguración presidencial de enero de 2001, de seleccionar los candidatos que iban a ocupar los puestos clave de la nueva Administración republicana. Bush fue el que aprobó la lista final pero todos, sin excepción, habían sido los que había propuesto Cheney.

En dos días pondrá fin a un mandato de ocho años que su sucesor, Barack Obama, ha denunciado por su “espectacular irresponsabilidad”, pero lo curioso es que Bush da la sensación de que todavía carece de la experiencia necesaria para ser presidente. Su presidencia lleva su nombre, pero la huella es la de Cheney. La razón es sencilla: a Bush siempre le ha atraído más el título que el cargo de presidente, y las responsabilidades que conlleva. Por temperamento, el trabajo duro del día a día no le interesó y se lo dejó, con descuidada tranquilidad, al maquiavélico Cheney, mientras él se preocupaba por su estado de salud (Bush es un obsesivo del fitness), por cuidar su rancho tejano y por el béisbol.

Reportaje entero aquí


No se salva ni el mensajero

Parecía que la crisis, iniciada principalmente en EEUU, crecía como una ola en medio del Atlántico, para ir a dar en la costa europea con mucha más fuerza de la que había salido de Nueva York. Es decir, daba la sensación, dese aquí, que Norteamérica tiene (gran parte de) la culpa, pero que es aquí que nos cae el chaparrón de verdad. Pero no. Aunque nos puedan quedar más cerca nuestros desastres, y aunque las bolsas europeas hayan caído en las últimas semanas más que el Dow Jones… Al otro lado del mar la crisis también es de grandes dimensiones.

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Después de las empresas financieras, le está tocando el turno a los medios de comunicación. He leído el comentario de algún internauta que se congratulaba con algo así como “tanto dinero han hecho los medios dándole pompa a la crisis, pues… ahora que les toque sufrir a ellos”. Bueno, muy justo no es, el comentario (un diario habla de lo que sucede, y tanto gana dinero hablando de la crisis como del fútbol), pero sí, la segunda parte sí es cierta: ahora les toca a los medios. Aquí, a parte de muchos grupos regionales, también Prisa o el grupo Zeta, más grandes, ya han hecho recortes importantes. Pero  nada que ver con lo que se ha sabido hoy de lo que está pasando en la prensa de Estados Unidos:

  1. El grupo mediático “Tribune” se ha declarado en quiebra. No puede pagar sus deudas, y pese a que no se espera tener que dejar de publicar, un total de 12 diarios y 23 canales de televisión estan en riesgo. Entre ellos, el prestigioso Chicago Tribune, y el aún más leído Los Angeles Times. Más.
  2. Las acciones del New York Times han perdido la mitad de su valor en lo que va de año. Ante esta situación, el diario más famoso del mundo ha tenido que pedir un crédito de (ojo!) 225 millones de dólares (175 millones, en euros). Para garantizar que se devolverá este préstamo, han utilizado su propio rascacielos de 52 pisos, sede de la redacción, como aval. Lo ha diseñado un famoso arquitecto, y se acabó de construir hace sólo un año. Ahora, se plantean si venderlo, y mantenerse dentro pagando el alquiler. Más.

En los dos casos, el problema de la crisis ha sido el mismo: la brutal caída de la publicidad. a) Las empresas estan en crisis. Por tanto, b) recortan los presupuestos en publicidad. c) Se publican cada vez menos anuncios en los diarios. d) Éstos pierden una gran parte de su principal vía de ingresos. Y por tanto, e) los periódicos caen en deudas y se acaban arriesgando a desaparecer.

No hablamos de la posible desaparición de una revista especializada en arte o de un periódico regional. El problema lo están teniendo dos de los diarios más importantes en el mundo.


Análisis: “EEUU: donde la fe no incomoda a los políticos”


Barack Obama asegura que ora “cada noche a Jesús”. Hilary Clinton asiste a una iglesia metodista. Varios vídeos en youtube muestran a Mike Huckabee tocando el bajo en el grupo de alabanza de su iglesia. John McCain cree que “Estados Unidos es una nación cristiana”. Y así se podría pasar por casi cualquiera de los que han sido candidatos en las primarias de los partidos demócrata y republicano: la mayoría declaran abiertamente ser cristianos. Mientras, aquí en España sorprende que en Estados Unidos, política y fe no estén necesariamente enfrentadas, sino más bien todo lo contrario.
El caso más paradigmático es el actual presidente de EEUU. Muchas veces se ha hablado de George W. Bush, el “new born christian” (‘cristiano renacido’) más famoso del mundo. En muchos de sus discursos se ha referido directamente a Dios y ha popularizado -aún más si cabe- la sentencia: “God bless America”. Algo que le ha llevado, intencionadamente o no, a convertirse en la imagen más visible de los protestantes en el mundo, en ocasiones a disgusto de sus propios hermanos en la fe que no coinciden con sus ideas y actuaciones políticas.

EL “CASO BUSH”
De aquí que los medios de comunicación en países en que los evangélicos no suelen tener mucha repercusión social, hayan descubierto detrás de Bush una comunidad de creyentes interesante de sacar a la luz. Pero el asociar al actual presidente de EEUU con todo lo protestante (ignorando, dicho sea de paso, a otros muchos políticos protestantes de muy diferente signo político), ha llevado a que en España y otros países se haya pasado a utilizar los términos “fundamentalista” y “ultraconservador” como sinónimos de “evangélico”. Y esto ha provocado que los evangélicos españoles (e imaginamos que en otros países) se hayan visto tapados muchas veces por una ola de comparaciones -o directamente, asimilaciones- con las que no se sienten identificados.

SER VISIBLE
Pero mientras en Europa -y de forma especial, en España- lo más recomendable para un político es no hablar (demasiado) de sus convicciones religiosas, en Estados Unidos hay momentos en los que quienes han estado participando en la carrera por convertirse en candidato a presidente han dejado claro de forma intencionada que son cristianos comprometidos.

Y no sólo los republicanos. Pese a que se dice que los evangélicos se identifican más con los conservadores, también las caras más conocidas del Partido demócrata visitan iglesias cristianas, hablan con pastores evangélicos y obispos católicos, y apelan de vez en cuando a los valores cristianos. Un ejemplo de esto es el sermón de Barack Obama en una iglesia bautista, que se puede ver en el portal de internet Godtube.

Los aspirantes a la Casa Blanca no pasan por alto que los cristianos estadounidenses son una parte de la sociedad muy importante, de manera especial en los estados del sur del país. En el conocido por los medios como Bible Belt (“Cinturón de la Biblia”), la forma bibliocéntrica de comprender la vida se traslada a la política, e influye mucho en el voto.

Este enfoque contrasta con otros protestantes, los de los estados del norte. No tienen tanta fama como los del sur porque suelen ser más moderados en su discurso, y por tanto, salen menos en los medios de comunicación. Se diferencian por tener un voto más volátil, es decir, por desmarcarse más del partido republicano y dar más importancia a las políticas sociales o a la igualdad de derechos por encima de los valores conocidos como moral cristiana.

Así que hablar de fe en EEUU, se ve como un hecho normal que reconoce a una parte de la sociedad su peso específico, también trasladado a la política.

LO QUE CARACTERIZA A EEUU
Entonces, ¿cuál es la diferencia con Estados Unidos? Seguramente su historia. El país, desde su fundación en 1776, se ha basado en valores cristianos. La Constitución está teñida por éstos, y durante sus 230 años de historia, el componente cristiano nominal ha estado siempre presente.

A día de hoy, el país no tiene tantos remordimientos del pasado relacionados con el cristianismo como los hay en Europa, por ejemplo. Y más concretamente, no ha habido abusos de poder por parte de élites cristianas como las ha habido aquí. Es decir, no ha habido casos flagrantes en que los estamentos cristianos han atacado los derechos de los ciudadanos desde el poder político.

OBAMA Y HUCKABEE
En EEUU, pues, pese a que se impulsa la diferencia entre estado y religión, la fe de los candidatos es uno más de los aspectos que los estadounidenses quieren conocer a la hora de decidir su voto. Y dada la cantidad de ciudadanos que se consideran creyentes (practicantes o no), la profesión pública de fe incluso ha pasado a ser una de las bazas electorales más importantes de los políticos. No tanto para ganar votos como para no perderlos.

El ejemplo más claro de esto son las fotografías que han aparecido recientemente del aspirante demócrata Barack Obama, vestido con un turbante somalí en una visita a África. Quien fuera que las difundió, tenia la intención de avivar, una vez más, los bulos le relacionan con el Islam. Obama, que es hijo de un keniano musulmán, ha tenido que salir rápidamente a recordar que acude a su iglesia protestante siempre que puede, y que suele acabar el día orando a Dios.

Mike Huckabee, en cambio, ha recibido ataques desde el otro extremo. El hasta hace unos días competidor de John McCain en la lucha por la candidatura republicana, se ha defendido de las críticas de muchos medios por creer en la Biblia de forma literal. En uno de los debates televisados de la cadena CNN, incluso se le ha preguntado si personalmente creía en que el mundo fue creado por Dios tal como se describe en Génesis. Después de contestar que no consideraba que eso no tenía porque influir en su elección, explicó que sí, que creía en un Dios que “nos ama, nos conoce y nos creó por su propia voluntad”. Pero Huckabee, que había sido el pastor de una iglesia evangélica, ha dejado claro que no cree que los cristianos vayan a votarle por su fe. En una entrevista, hace unos meses, recalcó que creía que había sido elegido gobernador del estado de Arkansas por ser quién los ciudadanos consideraban que “podía hacer mejor el trabajo”, y que no le afectó en nada el hecho de ser cristiano. Y añadía: “no entiendo este problema con la participación de cristianos en política”.

Así que se puede hablar de fe y política. Y se puede debatir sobre ello, en los medios de comunicación, a favor o en contra. Todo ello en un escenario en que muchos de los personajes públicos de la reciente historia de EEUU han sido creyentes confesos, a los que se ha reconocido una aportación importante a la sociedad. Algunos reverendos, como Jesse Jackson con Bill Clinton, han sido consejeros espirituales de algún presidente. E incluso, algunos cristianos han pasado a ser denominados como héroes de la nación (ese concepto tan americano), como Martin Luther King.

Se puede llegar a la conclusión, pues, que lo cristiano en la vida pública de EEUU no da reparo a nadie al menos como prejuicio. Los evangélicos claramente comprometidos con su fe no son mayoría, pero se les conoce y son visibles. Se habla de ellos para bien y para mal, y cuentan con la ventaja de no tener la sensación de tener que pedir disculpas por un pasado oscuro que les trae remordimientos. Y todo ello lleva, seguramente, a que los propios políticos no tengan la necesidad de cambiar de tema cuando se les pregunta por su fe.

¿Y EN ESPAÑA?
La historia en España es diferente. La política, también. El porcentaje de creyentes protestantes es mucho más reducido. E incluso el de los católicos practicantes es bajo. Sería posible que aquí un político no se sienta incómodo cuando se le pregunta por su fe? El socialista José Bono y el nacionalista catalán Josep Antoni Duran Lleida han dicho varias veces que son cristianos. Pero en sus propios partidos ha habido una mayoría que les ha pedido que no levanten demasiado la voz en este tema. Que era mejor que guardaran su fe en el armario del terreno privado.

Se trata, pues, de dos modelos. Uno en que la política no se siente sucia si ha de hablar de fe. Y otro, en que la fe parece que aún lleva demasiados lastres históricos encima como para pasar a ser un tema más. En el modelo estadounidense actual se podría dar, en un caso extremo, el riesgo de confundir fe y política. En el español, demasiadas veces se prejuzgan y descartan ideas y valores que podrían ser muy útiles a la sociedad, por el sólo hecho de estar basados en la fe.

De hecho, para muchos evangélicos españoles, la relación entre protestantismo y la política americana no está ayudando a su imagen pública. Incluso los políticos protestantes “de aquí” que sí quieren que su fe y sus valores marquen una diferencia, ponen límites a sus creencias a la hora de hablar en público porque consideran que no es una base compartida con la mayoría de la sociedad… y de su partido.

Redacción: Joel Forster, ProtestanteDigital.com

Artículo publicado el 11 de marzo de 2008


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