Uno de los casos que CNN ha explicado hoy en su sección outrageous videos es el de una estudiante universitaria de 22 años, que dice tener problemas para pagar sus estudios. Por ello, ha decidido subastar públicamente su virginidad. Es decir, se acostará por primera vez con el hombre que más pague por ella. El sitio donde se ‘entregaría el premio’ al más machito sería una zona de clubes nocturnos en Nevada, donde la prostitución es legal. Dice la universitaria que ha recibido ya miles de ofertas, y que la más alta es de 3,7 miliones de dólares. Se declara orgullosa de ello, y añade -en tono irónico, supongo- que su idea de futuro es hacer carrera como consultora matrimonial y familiar.
Iba a hacer una lista del montón de cosas que me han pasado por la cabeza viendo la noticia. Pero me doy cuenta que no soy capaz de sacar conclusiones sin caer en una posición de juez que en realidad no me pertoca. Por otro lado, sé que hay noticias relacionadas con la prostitución mucho más alarmantes que ésta. España, por ejemplo, es uno de los países con más esclavitud sexual en Europa (sí, esclavitud: trabajo forzado bajo amenaza de muerte).
Pero precisamente es el hecho de que en el caso presentado por la CNN se trate de una estudiante preparada, que sabe lo que que está haciendo, y que se enorgullece por la atención que está recibiendo por miles de hombres, lo que me impacta más. Y me hace pensar. Sobre el valor que nosotros, los occidentales ricos y ‘desarrollados’, estamos dando (quitando) a nuestra honor como personas.
Porque somos muy modernos, y nadie debe decirnos donde estan los límites, que para algo somos posmodernos, posmodernistas, y post-todo. ¿Quién eres tú para decirme cuánto vale… mi virginidad?


