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Detrás de la lona

Imatge

Hoy es 15 de mayo. Ayer pasaba por la plaça de Catalunya. Había un ambiente alegre, con muchos puestos bien ordenados, gente hablando, casi todos comiendo, eran las 3. Me quedé con una imagen. Era un mega anuncio que cubre las reformas de una de las fachadas que da a la plaza. Rayban con su campaña “Never hide”. Una batalla campal entre supuestos manifestantes y la policia. En el lugar donde va impreso el logo y el slogan han cortado un hueco desde la zona de los andamios y han sustituido la marca por el signo de los indignados.

Ha pasado un año desde que empezó algo que ha tenido una voz importante en las calles y consecuencias sobre todo en los barrios de muchas ciudades. En la práctica, no ha sido algo mayoritario y a veces no ha ayudado al movimiento que algunos grupos se hayan sentido demasiado a gusto en él (los grupos okupas, por ejemplo). Pero la frustración de centenares de miles de cuidadanos se ha expresado muy claramente y ha unido una generación no acostumbrada a protestar mucho, a otra generación, la de muchos abuelos emocionados con la idea de poder apoyar. ¡Los “iaioflatuas”, de hecho, se están convirtiendo en el grupo más visibles en el 15-M!

Una conclusión rápida. Ahora que se cumple un año del primer impacto, los diarios de derecha han demostrado tener razón en una cosa. El impacto en la política nacional de toda esta indignación ha sido casi nula. Apenas durante un mes PSOE y PP mostraron alguna simpatía y prometieron que se escucharía algunas de las revindicaciones. Ahora los indignados ya hace meses (¿11?) que no son un tema para los portavoces políticos. ¿Para qué tenerles en cuenta si no roban votos?

Esta podría ser la clave para este segundo año. El 15-M tiene que recuperar el apoyo que tuvo más allá de la izquierda radical. En las asambleas, más allá de las acciones (muy interesantes, como la de Bankia ayer) hayque empezar a debatir sobre cómo tener un impacto político real. En las elecciones también. En los lugares de decisión.

Conforme se pase de la protesta a la propuesta, el movimiento podría conseguir que las ganas de cambio dejen de ser algo abstracto. Si se empieza a pensar en alternativas, la indignación podría hacer un corte en la fachada de la democracia. Y darse de bruces con los andamios desde los que se pueden hacer las reformas. Se trata de encontrar un sitio en el que colocar la punta de lanza. Y ser incisivo.


Rimando sobre lo eterno

Droi y Joanarman, comunicando.

Un resumen de la crónica del concierto de Praxiz en Barcelona, el 15 de marzo, en las sala Marula. Escrita para  Xtremjoven.

El nuevo disco (del que Praxiz ofrece algunas canciones de forma gratuita en SoundCloud) fue lanzado en diciembre de 2011 y ha vuelto a ser muy bien recibido. Esta vez ya sin ser una sorpresa, el grupo ha vuelto a protagonizar reportajes en Hip Hop Nation y Hip Hop Life, además de ser incluidos en listas de los mejores discos del género en medios como Mondo Sonoro.

Los títulos de cada canción de “Eternia 2013” hacen una referencia implícita a unos u otros hits de la banda de Martin Smith, referencia para miles de jóvenes en los años 90. Es más, aunque pueda ser prácticamente imperceptible a veces, el nuevo disco de Praxiz está hilado de principio a fin por riffs de guitarra, loops o trozos de coros del grupo británico. Una forma de homenajear la música que influenció la adolescencia de Joanarman y Droi (Delirious?, por cierto, ha dado su aprobación al experimento).

Oído el álbum, y visto el directo, se puede llegar a la conclusión que el nuevo set tiene mucho recorrido. “Eternia 2013” no es una agrupación aleatoria de ‘singles’ sino un pack de contenido uniforme en la temática (el Apocalipsis y el impacto de la fe en el día a día son los temas principales) y cohesionado en el sonido.

Funcionaron muy bien, durante el directo, las canciones “Caen”, “Está bien”, “Eterno” y especialmente “Voy a seguir”. Hubo tiempo para canciones antiguas (como Fauna y Flora), para improvisaciones e incluso participaciones como las de Maverick y Alley al micro.

De lo visto una vez más en Barcelona, Praxiz llega especialmente bien a la gente porque prefieren entretener que hinchar su ego, porque citan mucho más sus videos en Youtube que el precio de su álbum, porque anteponen la reflexión a la rima destructiva. Y destacan también porque, a diferencia de otras iniciativas impulsadas por cristianos, demuestran tomarse la forma, la música, muy en serio, más allá de usar el medio como simple altavoz para lanzar mensajes.

Praxiz no da por sentado el apoyo del público. Aún ante una audiencia pequeña, como la que hubo en Barcelona, se muestran totalmente involucrados. Entienden que la gente no paga una entrada para animar a los de arriba del escenario, sino que debería ser al revés: los artistas deben de ser quienes consigan involucrar al público.

Aunque la fe de sus integrantes impregna todas sus canciones, su cosmovisión no es lo primero que se detecta en sus canciones. Sin embargo, el momento más solemne de la noche sirvió para a explicar cuál es su forma de ver la vida. Con sólo las notas del teclado de fondo, Joanarman habló en un  solo  sobre su deseo de ver un mundo restaurado. Y citó sin tapujos a “Cristo” como la esperanza última.

El show acabó con un estribillo que resume la cosmovisión del grupo: “A donde quiero llegar, puedo ir más allá de lo que hay… en el cielo está mi gloria”.

Los 3 últimos vídeos, salidos de su nuevo álbum, son “Caen”, “La Venda” y “Profundidades”. Aquí su perfil de Facebook.

 


Antisistemas o ciudadanos

Volviendo a casa en bus veo luces de policia, y todos los viajeros miramos al lado izquierdo. A unos metros, al otro lado de la isleta que separa los dos sentidos de la calle,  un coche de la patrulla avanza poco a poco. Detrás, una pancarta que camina ocupando los tres carriles del passeig de la Zona Franca en dirección al mar. Son sólo 25 o 30 personas, avanzan tranquilos, gritando consignas que los cristales del bus amortiguan.

Así a primera vista, parecen de todo tipo de edades. Hay alguien en silla de ruedas, otro señor mayor camina algo avanzado al grupo mirando hacia los lados, como si protegiera a sus compañeros de algún peligro.

No me da tiempo de leer todo lo que dice la pancarta que sostienen, hecha con papel de embalar. Dice algo del “barrio” y del “metro”. En algunos carteles que levantan va el signo de los indignados. Aunque sólo da tiempo de observarles unos segundos, transmiten dignidad: están tranquilos, parecen ser del propio barrio, y actúan como si la policia que los escolta no estuviera. Son realmente pocos, pero no parece importarles.

Atrás 24 horas, ayer en Barcelona fuimos la única ciudad de España donde hubo incidentes violentos. Eso por lo menos decía el artículo publicado en el Guardian. Es más, hemos sido la imagen para la portada en papel del New York Times. También los periódicos de aquí sacaban el mejor ángulo del fuego, el banco asaltado, los contenedores ardiendo alrededor de Plaça Universitat. En Plaça Espanya los empresarios que salían del World Mobile Congress grababan con sus móbiles última generación como los 200 que buscaron el enfrentamiento con los antidisturbios cortaban la circulación. Los más afectados acababn siendo los trabajadores de la zona que intentaban volver en bus a casa después del trabajo y no podían hacerlo como es habitual.

Los violentos, como en todas las manifestaciones, no eran mayoría. Pero en realidad eso da igual. Estaban, eran suficientes, y se dedicaron a hacer lo que mejor saben hacer, retroalimentar al sistema. Llamas, encapuchados, porrazos y detenciones. Provocando violencia para justificar más violencia en el futuro.

Es siempre el mismo grupo de violentos. Y en Barcelona los toleramos como si nos hicieran un favor. O como si nos hiceran gracia. Esos que se sienten señores de todas las causas y encabezan las marchas que otros han pensado, organizado y convocado. Los que no muestran la cara porque “el sistema nos persigue y nos podrían detener”.

Cara y cruz de la involucración social. Por un lado los vecinos que siendo pocos y sin cámaras que les den protagonismo hacen sonar su reivindicación. Que después de la protesta vuelven a su casa para seguir trabajando (o buscando trabajo) mientras intentan cambiar cosas poco a poco, en red, con pequeños avances en las comunidades de la ciudad donde viven.

Por otro lado, las minorías que creen que “defienden al pueblo”, como si fueran una guerrilla paramilitar que nos protege del mal. Dicen que buscan hundir un sistema, que son la alternativa. Prometen salvarnos del estado. Un estado del que absorben todo lo que pueden entrando gratis en el metro o malgastando su plaza universitaria en el bar de la facultad. Son los que cohiben a otros estudiantes en nombre de la libertad.

Algunas cosas cambiarán cuando saquemos a la luz el “sistema de los antisistema”. Si lo hacemos, conseguiremos el plus de autoridad de quienes piden transformación en nuestra sociedad habiendo hecho el esfuerzo de  desactivar a los violentos.

Antisistemas o ciudadanos. Sería hora de que los segundos les digan a los primeros que no nos representan.


Soul

El aire acondicionado muy alto, mucho plástico colgado en paredes ya un poco gastadas. Algunas reflexiones en negro sobre blanco, en el MACBA. La primera visita los ojos fallan un poco, cuando llegas a la tercera planta. Una idea tomada con el móbil cuando el de seguridad estaba mirando a otro lado.


Viernes, Barcelona centro

Todo es bastante complicado. Hoy pude ver (estaba en el centro de Barcelona por casualidad) una parte de lo que ha pasado en Plaça de Catalunya. Y creo que no es fácil resumirlo. A cada momento, al ver a un tipo u otro de manifestantes, a los antidisturbios, los turistas descolocados, los furgones en línea, los eslóganes, las sensaciones iban cambiando por momentos.

He visto a gente sentada con ramos de flores, señores de 60 años hablando con otros orgullosamente ante lo que veían, a un chico realmente cansado con un cartel pidiendo que se siguiera “el camino de la no-violencia”. También he visto a jóvenes con latas de cerveza sonriendo, y una chica que se subía deliberadamente a una zona donde sabía que no se lo permitirían y después se escudaba en un grupo de jóvenes que increpaban al agente de policia que le pedía amablemente que se retirara.

Estaba un organizador pidiendo calma a los manifestantes, y recordando que “esto es un movimiento pacífico”, y varios manifestantes protegiendo los furgones antidisturbios con sus brazos para que otros no los atacaran. Había los “antisistemas tradicionales”, con demasiadas sonrisas en la boca y con esa cansina necesidad de sacar la adrenalina con provocaciones a la policía, y había “antisistemas indignados”, que realmente creían en su derecho a exigir cambios en el sistema político, el económico, y en hacerlo sin agredir de ninguna forma.

He escuchado los disparos de proyectiles de goma (menos de 10 se han disparado, según la policía ha dicho oficialmente), y la gente corriendo. Y he visto, ya en casa, algunos de los muchos videos que decenas de teléfonos mobiles estaban grabando allí, en cada momento. Se podría hacer un documental con todo este material en Vimeo y Youtube. También fotos de todos los ángulos [ver flickr compartido]

Había un cartel que decía “El barça no te dará de comer”, muy adecuado para el momento, sobre todo cuando se ha argumentado desde la Conselleria d’Interior (con el impasible Felip Puig al frente) que en parte se quería “limpiar la Plaça Catalunya” para evitar que algunos objetos contundentes fueron usados en posibles incidentes tras la final de la Champions. La pregunta que surge aquí es: ¿qué tienen que ver los materiales de los indignados con el vandalismo de algunos hooligans? Y… ¿era necesario llevarse los ordenadores, impresoras, etc.. que había en la plaza? Parece sospechoso, pensando que el movimiento se ha generado y reproducido en internet.

También todo es complejo porque sí, la gente tiene derecho a la libertad de expresión. Pero también existen unas leyes (con su sentido) que dicen que deben ser autorizadas para evitar el caos. Sí, es justo que quienes ya no saben qué hacer ante las crisis (las varias crisis), decidan plantarse, y hacerlo en un sitio céntrico que sea punto de encuentro. Pero también es verdad que los espacios públicos no pueden ser tomados por un grupo de ciudadanos de forma indefinida. Incluso en cuanto a la higiene pública, la Conselleria d’Interior tenia razón, en la plaza había hoy zonas amarillentas y con olores muy fuertes.

Es verdad que la policia se ha excedido en violencia, pero incluso un agente antidisturbio puede desorientarse, tomar decisiones erróneas y confundir la actuación ante manifestantes violentos (que es el tipo de ambiente en el que han sido entrenados) con algo tan excepcional como las manos en el aire y la no violencia de los manifestantes hoy. Además, al entrar en plaça Catalunya esos agentes debían tener en su cabeza la agria sensación que su trabajo iba a ser una “lose-lose situation”. Pasara lo que pasara, no había opción de conseguir su misión: desalojar la plaza + hacerlo sin violencia. Una de las dos iba a fallar. Y ya que el primer objetivo era la cosigna recibida como orden, el segundo objetivo pasaba a ser eso, secundario.

Todo es muy complicado. Lo único que está claro es que muchos ciudadanos pacíficos y con razones para protestar recibieron golpes totalmente fuera de medida. De esto no hay duda. A partir de aquí, todo el resto de valoraciones son interpretables y pueden alimentar debates y debates….

Por cierto, señores de Antena 3,  el periodismo era algo tan sencillo como lo que habéis hecho hoy! Bastó una cámara en un edificio de Plaça Catalunya y una reportera en medio de la carga policial para mostrar en directo lo que estaba pasando en diferentes lados de la plaza.

Postadata. En 6 meses veremos qué cosas que ahora consideramos importantes se han olvidado. Y qué detalles o ideas que hoy no vemos, se convierten en cambios sociales reales.


Barcelona

[Positive Tension- Bloc Party]. Se ensanchan las venas al salir por la boca del metro. Baten sangre, por encima del ritmo normal. Es Barcelona, plaça Catalunya, y cuando la cabeza llega a la altura de la calle, la selva urbana ya está ahí, fluye a diferentes ritmos. El sol aquí siempre parece estar poniéndose, es el efecto que hace la luz cuando dobla los ejes de los edificios altos. A ras de suelo hay eses, línias rectas y sobre todo, caminos esquinados. Y la gente que sueña, que son los peligrosos si vas con auriculares.

Casi uno no se atreve a cojer una bocanada de aire que te llene la boca. Es como si lo estuviéramos compartiendo, y tu libertad termina cuando empieza la del otro. Pero a cambio tienes la inspiración. En dosis que te pasan por al lado. Basta con que tengas ojo a las sensaciones. No me paro, camino captando miradas, casi al ritmo de sus párpados. Y me impactan los mundos que hay detrás de cada par de ojos vivos. El jersey marrón de cuello desecho que habla de un té del que acaba de cojer el olor. Ese forma de llevar el pelo es de otro sitio. Y este hombre vivió lejos de aquí, cuando aún no tenía los ojos cansados.

Y luego está la postal en blanco y marrón que hay en un quiosco de libros antiguos. Vete a saber de qué decada es. De los años 50? Es la fotografía de un trozo de agua, un lago, entre árboles y arbustos. Con luz de media tarde. Y por el lado para escribir, en una tipografía que ya no se utiliza, dice “Post·Card”, con ese punto en medio. Más abajo, entre las esquinas gastadas, una t que separa el blanco en dos: a la derecha pone Correspondence, con la tinta doblada, y a la derecha, adress only. Nada más, ningúna descripción de la imagen, ninguna pista de dónde es. Pero es ideal para saltar unos momentos a otro lugar. Noy nada más cercano al centro de Barcelona que cualquier otro lugar del mundo. En cualquier otra época.


U2 y la magnificiencia, en Barcelona

Suena por megafonía David Bowie, a toda potencia, es esa canción que de no ser por mi profesor de inglés en la ESO no habría reconocido: “Space Oddity”.

Los focos se han fundido a negro, los flashes ya empiezan a hacer esas fotos que no servirán porque aún no hay nada que mostrar, y de entre los destellos blancos de las gradas del Camp Nou empiezan a surgir unos misteriosos puntos rojos que dan un toque de calor al de por sí escalofriante escenario. 100.000 personas.

Lleno en las graderías, lleno sobre el césped, o la parte del césped no ocupada por la bestia espacial con patas (“The Claw”) que U2 ha montado para demostrarse a sí mismos al mundo. Dicen que para la 360º Tour hay repartidos por el planeta 3 escenarios idénticos a éste, cada uno de los cuales necesita 120 camiones para ser transportado de una ciudad a otra.

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Lo que dice Bono sobre la inspiración en Gaudí se comprende cuando 2 horas antes de empezar el espectáculo observo la construcción de 60 metros de altura desde abajo mismo. Hemos conseguido meternos en el grupo de privilegiados que tiene acceso al círculo-pasarela que envuelve el escenario. La vista desde allí, enganchados al centro del show que está a punto de caer, es increíble. Mirando hacia arriba y buscando el cielo entre las estructuras de hierro del monumento mastodóntico, los colores, las formas, y los detalles me recuerdan, ahora sí, a algunos trazos del Park Güell, y sobre todo a las torres de la Sagrada Familia. Algo de razón tiene Bono, es verdad.

Han tocado Snow Patrol, con ganas, pero tal como comenta alguien a mi lado: “Suenan vacíos”. Y es verdad, aún si puedes tocar junto a la banda de rock más importante y ante decenas de miles de personas, eso de ser telonero es algo triste. La gente reacciona, pero de alguna forma se miran la cosa como un aperitivo que nadie echaría de menos si no estuviera. Sabe mal, porque si pones a este mismo grupo de pop británico en un local para 2.000 personas, tendrías una actuación de las que te llegan al alma.

U2.com

Pero volvemos a Bowie. El hilo musical se acaba. Se encienden los focos, aún en medio del negro, y se centran en John Mullen Jr., batería, sobre Adam Clayton, bajo, y sobre The Edge, guitarra. En este orden empiezan a construir el primer tema… la expectación aún no ha explotado, falta Bono. Y cuando la guitarra por fin se decide a entrar con el genial riff de “Breath”, aparece Mr. Filantropía, y todos los que no somos enviados especiales de algún medio, nos desgañitamos, cada uno a lo suyo: “¡Bono!”, “¡Toma!”, o simplemente… “¡Yeah!”.

Es 2 de Julio, segundo concierto en Barcelona, y pese a que en varios momentos se podrá ver que a Bono ya no le va tanto el baile sobre las plataformas que lleva por zapatos, otros como Adam Clayton parecen haber rejuvenecido. El bajista incluso se hace carreras por zonas varias, y mueve la cabeza al ritmo de las nuevas canciones. Está en mi lado del escenario, y es interesante su expresión durante las 4 primeras canciones: en “Breathe”, “No line on the Horizon”, “Get on your Boots” y “Magnificent”, se le puede leer la ilusión en la cara, da igual que el público no acompañe todo lo que podría [Inciso: Señores fans, las nuevas canciones no son menos buenas que las anteriores. Pueden estar seguros de que cuando hayan tenido suficiente tiempo para aprendérselas de memoria, les gustarán tanto como los clásicos].

Cuando llegan Beautiful Day, Where the streets have no Name, Sunday Bloody Sunday, en cambio, las amplias sonrisas de satisfacción de los irlandeses ya no son tan grandes, aunque lo compensa de sobra la actitud del público, que ahora sí canta los himnos que se han ido aprendiendo en los últimos 30 años. Lo cual explica, de paso, que no se encuentre entre las masas ni un solo adolescente.

“Pride” (In the Name of Love), “Vertigo” y la preciosa “Moment of Surrender” (del nuevo disco, y que cierra el concierto), resumen claramente las variadas dosis de evangelio que escuchamos (y cantamos, sin mucha conciencia de ello) al largo de las 2 horas y media. La primera habla explícitamente de un personaje histórico llamado Jesucristo, que se dio a sí mismo hasta la muerte… por amor. La segunda trata sobre la tentación y el desierto del alma. Y la tercera, una gran balada, habla de ponerse de rodillas (Bono lo hace sobre el escenario), para sin más público que lo divino, rendirse ante el Creador.

U2.com

Destaca José de Segovia (expertísimo en U2) que la ambigüedad de Bono muchas veces no ayuda a sacar conclusiones claras sobre su posicionamiento en cuanto a la fe. ¿Es el líder de U2 un espiritualoide simplista? ¿Confunde fe con buenas intenciones sociales? ¿Se queda sólo con lo que le interesa de la figura de Jesús, el amor, el perdón, el llegar a los más necesitados? Son algunas de las críticas que se le hacen a Bono y, en cierto sentido, son justas. Lo que parece evidente en muchas de sus letras, queda difuminado por otros lados, y hay mensajes que no cuadran.

Pero después de vivir un show de U2 a cinco metros de la banda, resulta difícil negar que lo que el disco “No line on the Horizon” pretende transmitir, en gran parte de sus canciones, es un acto de adoración a Dios. Una proclamación de su soberanía, su poder y su “Magnificiencia”:

I was born
I was born to sing for you
I didn´t have a choice but to lift you up
And sing whatever song you wanted me to
I give you back my voice
From the womb my first cry, it was a joyful noise…
Only love, only love can leave such a mark
But only love, only love can heal such a scar
Justified till we die, you and I will magnify
The Magnificent
Magnificent

Artículo publicado en P+D


La belleza?

la belleza es tu cabeza


93′

El futbol no ho és tot, però hi ha moments…

93

…que tens la sensació que vius un moment yeah.

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27 de maig: Manchester United-F.C. Barcelona. (sense defensa.. :S)

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PD: El gol a Rac1


Entresuelo

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Son las 11’30. Vuelvo a estar en el “piso”, después de pasar 3 días en “casa”. La bienvenida había sido buena, pero el ‘sonido de la calle’, en su sentido literal y figurado a la vez, vuelve a repetir el guión de la semana pasada. Una mujer grita “¿pero quién te has creído tú que soy yo?”, y poco a poco va subiendo la voz. Discute contra una voz muda, aunque me imagino que el contricante debe estar a pocos metros de ella. Cuando me acerco a la ventana (no tengo que moverme demasiado), veo que todo viene del bar, de “O Barquiño”,  ese sitio donde la la élite cultural del barrio se reúne para celebrar profundos debates sobre la vida.

La semana pasada los gritos eran de una de las chicas de la calle (también en sentido figurado y literal), que me despertó al grito de “Cobarde, meterte con una mujer!”. Eran sobre las 3 de la madrugada, y la mujer repetía una y otra vez la frase. Primero pensé que podía estar en apuros, pero después de que lo dijera más de 20 veces (solo ésa frase!), ya no sabía qué pensar. Cuando a uno lo despiertan, todo es raro, se te junta lo que estabas soñando con lo que supones que es la realidad, en una mezcla que sienta mal. Cada vez que afuera se repetía la frase, todo se volvía más paranoico. Me daba la sensación que todo el silencio de la noche se enganchaba a esa frase, “coobárde! meterteconunamujér! coobárde!”. Me bajé de la cama, me acerqué a la ventana, pero no vi nada. Solo estaba la voz, sin un ápice de cambio en el tono. Deseaba poder volver a dormirme, pero la voz no renunciaba a su lema, con el mismo tono, como si con ello ahuyentara algún miedo.

Son sensaciones raras que se repiten. Episodios que oigo a 3 metros de la calle, en el entresuelo de un barrio que por las noches se tiñe de prostitución, peleas, y de vez en cuando, una sirena de policía.

[Nota: La noche siguiente a este post, me han despertado por tres veces gritos de personas discutiendo o peleándose en la calle. Paciencia.]


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